¿No habéis tenido esa sensación de querer gritar y gritar y que nadie se entere? O gritar y gritar hasta que alguien te abrace. Y llorar hasta secarte.
¿No habéis tenido esa sensación de cardos en la garganta, y de mil polillas brotando en tu pecho?
¿No habéis tenido esa sensación de que tu día es esperar que llegue el siguiente? O esperar que ella te acaricie la nunca y, por fin, te diga que te quiere.