martes, 8 de febrero de 2011

Maldigo y preguntas
por qué frunzo el ceño,
por qué las auroras
me dejan el pecho
lleno de agujeros.
Quizá sea la noche, abriéndose
como una terrible flor.
Quizá sea el maldito telediario
o una mujer sin su voz
a la que acorrala el miedo.
O el silencio atronador,
un febril planeta
entre fuegos y tormentas,
un niño cortando palma
en una oscura selva,
la cola del paro, el fin de mes,
tu ausencia, todo lo que no haré.

Maldigo y me dices
basta de lamentos.
Disculpa, te digo,
quizá sea el sueño,
la falta de sueños.
Será que la casa, sin ella,
no es una casa, es un erial,
y mi voz sin su voz,
arañazo en el cristal,
o la carta de un hombre
que echa de menos su hogar.
Quizá alguna despedida,
los recuerdos, sus heridas,
Gaza golpeada,
humo y llanto en sus cenizas.
Será el mundo alumbrando horrores
y yo sólo ofrezco maldiciones

Preguntas - Ismael Serrano "Acuérdate de vivir"

lunes, 24 de enero de 2011

Desorden

Desordenas mi desorden, mueves mis papeles olvidados, garabateas en la curva de mi tiempo, bebes del mar, desatas la tormeta de arena que agita mis días, descolocas mi locura, mi cordura, mi ignorancia, mi sapienza. Me despistas, me distraes, me enamoras con sólo una silueta, una mancha, un borrón y cuenta nueva. Cuentas cada segundo que me queda, tachas cada hoja del calendario, amontonas montañas de minutos por pasar a tu lado, por vivir. Un latido me marea, me marca, me conmueve. Lloro sin motivo, río con ganas, bebo y vivo. Vivo y disfruto. Pienso, y siempre en ti. En vosotros. Sois dos. Desordenais mi desorden. No encuentro tiempo, ya ni lo busco, ni lo quiero. A veces, lo echo de menos, entre letras y blancos, entre espacios y caracteres.

Ya no hay tiempo para pensar, ¡cómo va a haberlo para escribir! Ya no hay tiempo para escribir ¡Cómo va a haberlo para pensar! Ya no hay tiempo, ni orden, ni ideas, ni fantasía. Hay un mundo nuevo que ordenar, en el que ir pintando, en el que ir pensando, al que ir escuchando, amando. Tu rostro cada día es más bello. Tu barriga, más barriga ¿Lo sientes? ¿Lo oyes? ¿Lo notas? Yo no dejo de mirarlo. Lo miro cuando no estoy contigo, lo miro con los ojos cerrado, lo miro en la distancia, en la oscuridad, en el silencio, en la paz que me da tu vientre, el océano en el que nadan nuestras pasiones, nuestros secretos, nuestro mejor regalo, nuestro futuro y presente.

Desordenas mi desorden. Bendito desorden.

sábado, 1 de enero de 2011

El año que ganamos el mundial

Ya se fue. 2010 brilló anoche por última vez, en familia, con un rayo de sonrisa y de buenos deseos en nuestros ojos, con una mirada de futuro y esperanza, de ilusión en forma de uva, de amor en el vientre, de aire que respirar puro, de lluvia calando nuestros huesos y nuestras nuevas metas, nuestras nuevas peleas, nuestras nuevas vidas.

Ya se fue. Con el ruido del gentío, el jolgorio de las calles, de los petardos, el resplandor de fuegos y luces, el sonido de gargantas anhelando un mundo mejor, olvidando la crisis, pidiendo olvidarla también mañana.

El 2010 se fue y con el, su historia, sus historias, la de todos y cada uno de nosotros. Cada uno recordaremos este año por algo especial, aunque a 45 millones nos une un momento inolvidable que define el 2010.

El 2010 será inolvidable, es inolvidable. El 2010 es el año que seguí amaneciendo cada mañana a tu lado, queriéndote cada día más, disfruntando de tu risa, de tu aliento, de tu regañina, de tu andar alegre, de tu vientre. El 2010 se va pero nos deja su recuerdo en forma de vida. Su estela crecerá a medida que pasen los meses, las semanas, a medida que nuestras pupiles derrochen más pasión, más fe, más temores. El 2010 supe que iba a ser padre, descubrí que no sé si estaré preparado, pero acepto el reto. El 2010 crecerá entre nosotros y pasará de llamarse Andrés a llamarse Mario o Candela. El 2010 no sería 2010 sin el 1 de diciembre, ese en el que dos rayas marcaron por donde escribir nuestras próximas canciones, renglones de los que seguro nos saldremos, pero con buena letra.

El 2010 lo ha cambiado todo y, quizá por eso, empezamos por un final sin fin. Pero el 2010 nos trajo mucho más. Los pasos inquietos de Alejandro, sus manos aventureras, su incipiente verbo, su eterna risa, su mirada traviesa, casi pirata...
El año nuevo nos dejó sorpresas, la mejor de las sorpresas. Lágrimas que derramar para llenar copas y brindar por la sonrisa agradecida de Gonzalo, su rostro serio, su paz, su eterna paz en brazos de su abuela, la distancia mínima entre su mirada y la de Mamen, la desnudez de sentimientos, el amor de un padre novicio...

La sorpresa llegó en un frío febrero, en el que el sol salió por Valdelacalzada para recordarme que estamos vivos, que sigue habiendo gente por la que pelear, que sigue habiendo mundo y personas maravillosas, que sigue habiendo retos y valientes con quien conseguirlos.

El 2010 ha ido pasando, entre cervezas, panceta, hogueras y casas rurales. Entre amigos, viajes y pasiones. Acortamos las distancias para vernos cada día, aunque ahora cada día empiece antes y no haya madrugadas sin carreteras, ni soles que me despierten, sólo lunas que me acompañan a tu lado. Fueron pasando días, historias. Fuimos brindando en cada celebración, vivimos nuestras últimas ferias solos sin saber que serían las últimas, despedidmos -sin saber que lo hacíamos- nuestras fiestas, las disfrutamos al máximo, las compartimos en el verbo, conocimos nuevas gentes, nuevos mundos, mayores experiencias. Aprendimos. Seguimos creciendo.

El 2010 se fue, pero no deja vacíos. Nos dejó un verano inolvidable. Barcelona y sus sentidos, sus olores, sus colores. Málaga sabiendo a cerveza, sonando a rumba. Una canasta que no llegó y un gol que nos unió a todos. El 2010 se fue. Se fue el año que ganamos el mundial, ese que nos dejó una noche gloriosa, de disfrute y diversión, de celebración sin excusa ni arrepentimiento, una noche única, mágica, de guión perfecto. Un elixir, un paréntisis de los números en rojo, el éxtasis hecho gol, la alegría reflejada en un solo segundo, celebrada por millones de personas al mismo instante. Lágrimas, sonrisas, gritos, saltos, abrazos, carreras, puños cerrados, brazos en alto, ojos abiertos, pasión. En un segundo, la historia cambia, nuestras vidas se hacen más felices, olvidamos conflictos, nos une el deporte, el sentimiento de victoria, el sonido de gol chillado al tiempo, al unísono por 45 millones de almas rojas. Porque España sigue siendo roja. Porque una fiesta con buenos amigos bien vale un gol.

El 2010 se fue pero siempre quedará su historias, sus historias, sus pequeñas batallas, sus grandes triunfos, sus olvidadas derrotas. Nuevas gentes, nuevos amigos, nuevos teléfonos a los que llamar en caso de lágrimas, de ganas de disfrutar. Nuevos libros, nuevas esperanzas, nuevos retos, nuevos temores. Los mismos amigos con más recuerdos: el de un 6 de febrero, el de un 11 de julio, el del 1 de diciembre y el de tantos días tachados en el calendario: un viaje de madrugada, poemas en la calle, o en un parque, al compás de una guitarra amiga, una playa para conversar, nuevos desnudos, distintos restaurantes, de sierra, italianos, belgas o japos, hoteles que esperan nuestros abrazos, ya sea en San Martín, Pamplona, Madrid, Santander o Barcelona.

Olvidaré instantes, volverán más tarde a la memoria. No me olvido de nadie. Mis padres, que vuelven a sentirse jóvenes, mis hermanos que siguen dándome la vida. Raúl con su prudencia, Javi con su esperanza, Carlos con su rumbo incesante, la prenochevieja. Mis cuñadas, desde el silencio a la algarabía, el desorden de una vida que quiero pasar en vuestra compañía. Los sobrinos, Carlota, Alejandro, Gonzalo, joder, bendita alegría. La familia, quizá menos rato del deseado, pero con el amor siempre presente. Mis amigos, tantos como quiero, como necesito en cada momento. Mario, te echo de menos. Escu, me alegra verte. A los demás, me gustaría teneros más tiempo pero me alegra saber que estais ahí, siempre (ya verás que bien el 2011, Carlos). Y, por supuesto, tú, o vosotros, o vosotras. Tú y tu paz, tu sonrisa, tu encanto, tu aliento, tu impaciencia, tu regañina. Tú y tu tripita, tú y nuestro futuro en vida.

Se fue el 2010. Bienvenido 2011. Te esperábamos con los brazos abiertos.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La pobreza del rico

Anoche se apagó para siempre CNN+. No es un canal que siguiera con asiduidad, aunque casi todos los días veía al menos uno de sus informativos continuos, me paraba en alguna de sus tertulias durante un rato o seguía, en la distancia de la redifusión, brevemente una entrevista de Gabilondo. Ya ese paseo por el 24horas privado se acabó, se cortó como una inocentada pesada, una broma de mal gusto a la que le siguió el castigo y la ironía.

A CNN+ le sucede en su espacio digital Gran Hermano 24 Horas. Antes, diversión e información convivían, ahora, la tele-falsa-realidad entierra a la búsqueda de la verdad, a la información, a la dedicación de profesionales que aún creen en el verdadero periodismo.

Gran Hermano puede con CNN+. Este es el futuro audiovisual que nos espera.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Padre

Yo, que no leo demasiado, que apenas conozco a los grandes clásicos, que he conocido de pasada a Unamuno y que he disfrutado con mis pocas lecturas.
Yo, que ando siempre medio cabizbajo, con la espalda encorvada, con el peso de mis ideas y mis cuentas.
Yo, que no he saboreado otros labios, ni otros ojos, que no hablo idiomas ni he viajado, que no conozco otro mundo que este que tan bien hemos destrozado.
Yo, que quiero a mis amigos igual que los admiro, aunque no sé si los admiro porque los quiero o los quiero tanto por lo que los admiro.
Yo, que te conocí jugando al ahorcado, llenando espacios, recordando películas, memorizando tus encantos.
Yo, que ahora lloro imaginando mi vida, que siento mis lágrimas amenazar mis mejillas, que me sorprendo riendo acariciando tu tripa.
Yo, que sentencio cada una de mis dudas, que me equivoco cada vez que acierto, que vivo, que no es poco.
Yo, que me apasiono con cada canasta, que sufro con cada gol fallado, que suspiro, amo y odio a partes iguales, que defiendo lo que detesto, que detesto lo que no defiendo.
Yo, que sólo quiero ser una persona, una buena persona, que nací aprendiz de una maestra brillante.
Yo, que no tengo nada que enseñar, que no sé qué mostrar, que apenas sé mostrarme, ni hablarte cuando se trata de mí.
Yo, que tengo tanto que aprender, ahora, tengo que saber ser padre. No para cambiar pañales, sino para que no los manches, no para abrocharte el abrigo, sino para abrigarte, no para que comas, sino para almintarte, no para que sepas, sino para educarte.
Yo, humilde prepotente, que no sabré cogerte, que erraré al mirarte y no sabré como hablarte.
Yo tengo que enseñarte.
Yo, cuando tú, que aún no tienes manos, que aún no tienes ojos, ni boca, ni cerebro para entenderme ni scucharme, tú, ya me has enseñado.
A ser feliz, a ser distinto, a vivir en lugar de sobrevivir, a respirar en vez de suspirar, a disfrutar de ti, de ella, de nosotros, aquí o en la distancia. Allí o a tu lado, a vuestro lado.
Yo, a mis 28 años, tengo que ser padre. Soy padre.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Me gusta

Me gusta ir a comprar los reyes, llenar el maletero del coche nuevo de regalos para los peques, incluido el nuestro.

Me gusta que Patricia se prepare batidos a media mañana, y que me dé uno.

Me gusta pasar el día en casa, tocándole la tripita a Patricia cada vez que me venga en gana.

Me gusta que Patricia llore porque nuestra criatura tiene el tamaño de una lenteja.

Me gusta ver películas, sobre todo de miedo, mientras Patricia se duerme en el recoveco de mi pecho.

Me gusta salir a pasear, despacito, para que Patricia no se canse.

Me gusta adornar el árbol y ser tonto y feliz como un villancico, y ver que Patricia ríe y disfruta.

Me gusta cambiarle las letras a las canciones e inventar juegos nuevos que hacer un futuro ya no lejano.

Me gusta mirarla, observar su cara cuando lee la pantalla del ordenador, dibujar su cuerpo mientros lo alumbra la luz del televisor, saber que está ahí.

Me gusta besarla mientras suspiro de felicidad.

Me gusta hacer reír a Gonzalo y ver como intenta cantar lo que le berrea su padre.

Me gusta andar por todos lados con Alejandro, y enseñarle a decir ¡Canasta!, y ver como mamporrea una pandereta.

Me gusta pensar que pronto haré eso y más las 24 horas del día.

Me gusta tener miedo por no saber. Me gusta ir descubriendo cosas cada día. Me gusta poder acompañar a Patricia al médico y ver, por primera vez, a nuestra criatura.

Me gusta sentir la sensación de que ya todo es diferente.

Me gusta tener una sonrisa todo el día en la cara, porque las cosas ya no son como las semanas pasadas.

Me gusta que Patricia esté embarazada.

jueves, 2 de diciembre de 2010

A mi manera

Noviembre siempre me deja con una voz por decir, con una canción por pensar, un verso por escuchar, un piropo por inventar. Me deja con halo de esperanza en los ojos, con un último aliento que exhalar.

Noviembre siempre sorprende, siempre me arrice bajo su tímido sol, siempre me hace meditar, me cambia para dejarme más igual, siempre altera mi ser, mi querer ser, mi forma de ser, de pensar, de amar, de llorar, mi forma de ver el mundo, su arte, sus calles. Noviembre huele a castañas, sabe a miel en un tazón de cereales, suena a rumba lenta, se siente frío y a la vez, cálido, cercano. Noviembre se ve gris pero no tristes, azules apagados, que no aburridos. Es un azul pacfíco, un cielo inmenso que, si lo gobierna un sol, te cobija entre sus brazos. Noviembre tiene mil colores y, como yo hoy, a cada rato muestra uno distinto.

Noviembre es un mes diferente, es silencioso y a la vez, esconde bullicio. Sonar de gentes, gentío paseando, pensando en amigos invisbles, en visibles hermanos. Sonar de músicas por las calles, de castañeao de dientes, niños corriendo, saltando entre hojas y charcos. Niños. Noviembre es un mes de arte, de encontrarte, de amarte. Noviembre es el mes que en el que nació, en el que comenzó a crecer, en el que llegó, sin avisar, sin casi pensarlo, si tan si quiera imaginarlo... pero deseándolo tanto.

Noviembre se esfumó por la chimenea y en su calor, en su viveza, en la luz de sus candelas, de sus ascuas, en el ardor de su leña crujiendo al fuego rojizo de mis mejillas heladas, nos cambió la vida. Tenía que ser noviembre. Y yo, ahora que noviembre no está pero que nos lo deja todo, que nos invita a pasear por ls hojas que deja caer el calendario y contarlas, y revisarlas, y empañarlas entre lágrimas y miedos, yo no sé reaccionar. Me paraliza la responsabilidad. Me ahoga la alegría. Me aterra no saber. Me enorgullece poder aprender. Me duele no llegar. Me ilusiona verte crecer. Me inquieta el futuro. Me apasiona el futuro. Y en tanto, me disfrazo de noviembre, aunque el viento me desproteja de vestidos y máscaras y no haya silencios porque lo que realmente apetece es gritar. Gritar y chillar y volver a llorar, y abrazarte fuerte hasta alcanzar el sol, la luna. Superar el frío que me hace temblar, respirar hondo y mirarte a los ojos para recordar que, ahora sí, queramos o no, somos eternos.

Joder, noviembre, me has hecho sentir tan inmensamente feliz pero, ¿por qué no puedo sólo disfrutar, por qué tanto miedo, tanto respeto de esta pequeña criatura? Lo seguiré viviendo así, que le vamos hacer, a mi manera. A nuestra manera.