Bienvenido a este espacio de ironías y casualidades, de pensamiento y opinión.
Con sentido del humor, con sentido del amor. Amor consentido, humor sinsentido.
Aquí, el mejor día de tu vida siempre será mañana.
Cansado, me siento en la escalera. Miro. Observo. De pronto, sin estar borracho, me doy cuenta. Lo mucho que quiero a esa gente, lo poco que se lo demuestro.
Actúo por amor, jamás por odio.
Me muevo por esperanza, nunca por venganza.
No doy abrazos gratuitos. Los siento.
Siento lo que hago, hago lo que siento.
Hago lo que quiero, quiero lo que hago.
Somos lo que hacemos.
"Que el amor nos haga". Que el amor os siga haciendo
Me equivoco, fallo, cometo errores.
Mis errores son míos. Nada tienen que ver con los tuyos.
Los errores de los demás no justifican los míos.
Los errores de los demás no subsanan los míos.
Los errores de los demás no borran los míos.
Te pido perdón. Sé que no lo tengo, sé que no le necesito, pero te pido perdón.
Te pido perdón por no estar, por no saber estar, por no ir, por quedarme en la distancia, por mi miedo. Quiero ir a verte, pero no puedo, no me atrevo a mirarte a los ojos y no ver en esa inmensidad la profundidad de tus pensamientos... O verla y no saber compartirla. O compartirla y no saber apreciarla. Temo no encontrarte, no reconocerte. Temo no saber ver que sigue ahí esa rabia roja, esa revolución contenida, esa vida cargada de arrugas y heridas, esa jaula de puertas abiertas con pájaras cantando a la libertad, volando sin alas ni techos buscando un cielo más azul, un fuego más caliente, un vino más con el que brindar.
Te pido perdón. Ni lo tengo y, contigo, no lo necesito, pero te pido perdón por no saber estar como debería estar, por no ir a verte, por sólo esperarte y, cuando tú llegues, retomar lo que te debo.
No tuve más de ti que una mirada. Ni un gesto, ni una caricia, siquiera una sonrisa. Nada. Sólo una mirada, aquella mirada.
¿Qué me querrías decir con aquella mirada? ¿Qué me querrían contar aquellos ojos, esas pupilas palpitantes? ¿Qué buscarían? ¿Qué buscabas?
Quizá fuera sólo un cruce de miradas, quizá fuese sólo una casualidad, quizá fue ese el instante en el que nuestros mundos se detuvieron, en el que el fuego prendía nuestros dedos, en el que nuestros labios ardieron porque no supieron que no se iban a tocar jamás.
Quizá ni siquiera fuese una mirada. Quizá tu mirada preguntaba qué decía mi mirada.
¡Ay, si mis ojos hablaran! Cómo explicarte lo que vieron, lo que sintieron. Cómo contarte que el corazón se aceleró al mismo tiempo que el reloj paró, cómo explicar la pasión de una mirada pasajera, cómo contarte que no duermo desde aquel sueño y que me muero despierto al saber que si no duermo, de mi sueño despierto y que todavía sueño despierto con aquella mirada, sólo con una mirada.
Te despiertas a mi lado, un año más bella, un día más vieja. Desayunas y olvidas la magdalena, sales como un relámpago, con los ojos encendidos, con la cara prendida, con la sonrisa puesta. Nunca la olvidas. Tu nervio, tus prisas, tu impaciencia. Una tarta esperando, mi beso en la puerta, mi cara de espera. Respiro y suspiro porque ya vuelvas. Es 12 de marzo, pero da igual. Aquí no hay ni santos, ni cumpleaños, ni días de fiesta. La rutina de vivir separadamente juntos, abrazando nuestras distancias.
Ya te estoy viendo, entrando por la puerta, buscando mi mimo, anhelando su siesta.
Candela es lo más puro que he conocido jamás. La miro mientras duerme. Me recuerda a ti. Candela es lo más puro que he conocido jamás. Descansa, por fin, después de una noche en vela. Se acurruca, te busca, me aprieta. Nos acaricia las manos como si supiera... Candela es un relámpago, de ojos encendidos, de cara prendida, de sonrisa eterna. Candela es lo más puro que he conocido jamás ¡Me recuerda tanto a ti!
En estos días de engaños, mentiras, de falsas promesas. En este tiempo de crisis, de recortes, de guerra. En esta época de insultos, de hipocresía, de tristeza ¡ansío tanto tu pureza! Visceral, amable, sincera. Generosa, humilde, pizpireta. Lo más puro que he conocido jamás.
Hoy, mientras aún duermes, te escucho mejor. Hoy, mientras resistes, te entiendo mejor.
Hoy, mientras luchas, recuerdo mejor. Recuerdo aquel día en el que me enseñaste que lo máximo a lo que se puede aspirar es a ser buena persona, aquel día en el que me enseñaste que a lo único a lo que se puede aspirar es a ser buena persona.
Hoy, mientras duermes, te entiendo mejor. Hoy, mientras resistes, te entiendo mejor. Hoy, mientras luchas, sé. Sé que hay muchas formas de ser buena persona. Hablando, hablando siempre, discutiendo. Así también se es buena persona, aunque muchos sólo vean un poso de amargor, de tristeza, de añoranza.
¿Por qué no te entendimos antes? Espero que no sea tarde, estoy seguro de que no será tarde. Hoy duermes, luchas, resistes ¡Mira que eres cabezón! Ya sabía yo que no te ibas a rendir tan fácilmente. Es parte de tu personalidad, de tu genio, de tu vida de amable gruñón. Tendremos que aprender de ti. Tú, que ya me diste una valiosa lección, que me recordaste que sólo podemos aspirar a ser mejores personas, que los demás sobra, me recuerdas hoy que tenemos que luchar. Te dormiste luchando. No quisiste dormir sin pelear, sin pedir la dimisión de aquellos que nos muestran los demonios de este mundo. Y no te vas a querer irte sin iniciar la revolución, sin verla en marcha, sin ver a la gente en las calles, resistiendo, gritando que un mundo mejor es posible, gente recordando que todos podemos y debemos ser mejores personas.
Hoy, mientras duermes, mientras luchas, mientras resistes, hoy que no te rindes, me pongo en pie para iniciar tu revolución. Aquí te espero, en pie, siempre en pie, para que tú seas el siguiente en seguirme.
Si estás aquí, supongo que ya me conoces. Si no, descubreme a través de mis letras. Coge tu linterna, mágica por supuesto, y busca en este oscuro cajón tu cuchillo de palo.
Soy lector selecto, es decir, leo poco, por lo que no intentes encontrar un lugar repleto de literatura. No intentes encontrar tamcpoco un lugar repleto de bellos versos o relatos hondos, pues casi no escribo.
Trata de divertirte en este desorden, en esta atalaya desde la que divisaremos nuestra realidad.