sábado, 13 de noviembre de 2021

Paradoja.

 Hay días en los que dormir unas pocas horas, no tener pesadillas, pensamientos intrusivos o ansiedad en medio de la noche con ideas rumiantes que te desvelan es una victoria.

Hay días en los que la victoria es levantarte de la cama y dejarte llevar hacia lo cotidiano, sin oponer resistencia.

Se da la paradoja de que hay días que esos días son el mismo día.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Tengo un documento de word que no me atrevo a enseñar.

Tengo un documento de word escrito con un proyecto de trabajo.

Tengo una oferta pendiente de contestar de un amigo que me quiere ayudar.

Tengo correos electrónicos mandados para buscar otra salida.

Tengo una conversación aplazada por miedo a que al pronunciarla se vuelva absurda.

Tengo la sensación de tener que seguir hiperconectado para no perder el escaso valor que tengo.

Tengo la intención de borrar mi rastro digital. 

Tengo miedo de que mi nombre y me trabajo sea olvidado, de que con mi perfil desaparezca yo.

Tengo una obligación a la que nadie me obliga.

Tengo la necesidad de seguir estando para seguir siendo cuando pueda estar.

Tengo la ansiedad por no alejarme, la culpa por no volver, el miedo por esfumarme.

No sé lo que tengo. Tengo amor propio pero siempre he huido del ego. No hablo de humildad ni modestia, nunca me ha gustado ser protagonista, pero temo ser un fantasma en este mundo que te exige presencialidad y productividad constante.

Siento que esa presencialidad es la fina cuerda que me separa y, al mismo tiempo, me sostiene al futuro que pienso, porque no sé pensar en otro futuro que no se parezca al que he diseñado en el pasado.

Tengo ideas fundadas en ideales que aborrecería no cumplir.

Tengo la sensación de que una vez escapé, que me fue más fácil rendirme y vivir en contra que seguir peleando por cambiar una coma, una vocal, un nosotras.

Tengo la certeza de que esa pelea hubiera acabado consumiendo más de lo que ahora estoy, abatido y agotado en este ordenador en el que encierro todo lo que fui, soy, puedo ser y planteo que seré.

Tengo un artículo que ha escrito otro y que parece que habla de mí, de mi tiempo, de mi falta de tiempo, de mi falta de descanso, de mi falta de ocio, de cómo llenamos el tiempo mientras nos vaciamos de todo.

https://www.lamarea.com/2021/11/11/vulnerables/

jueves, 11 de noviembre de 2021

Cansado.

Me meto en charco. Opino de cosas que me deberían dar igual. Entro en todos los fregados. Me desespero, me doy la razón, me arrepiento, hablo de más porque nunca quise quedarme callado. Me quiero y me odio. Me canso.

Fluyen las ideas, los pensamientos, las críticas. Me crezco. Subo como la espuma, quiero escribir, hablar, sacar mi palabrería, todo lo que tengo oculto, mis talentos olvidados, mi verborrea, mis razones, mis sinsentidos. Dibujo un futuro formidable, una nueva estructura de vida, una sociedad más justa o mi aportación a una sociedad más igualitaria. Me veo viajando a Mérida, resucitando, creyendo en mí, liderando ideas y proyectos, o un nuevo trabajo.

Me desvanezco, lo veo todo gris. Sólo digo gilipolleces. Será difícil ser empresario y cumplir, ganar dinero y ser justo en el reparto, no caer en las noticias de mercado, ser libre e independiente. Será imposible. Tengo miedo a no ser el que digo ser. Me veo incapaz de llegar a hacerlo, me avergüenza hacer llamadas, proponer una utopía, crecer hacia la inalcanzable, hacer una nueva radio y vivir de ella sin dejar de ser padre. 

Me duelen las piernas y la cabeza. Tengo sueño. Me duermo antes de las 10. No puedo con mi cuerpo. Llevo 4 noches cayendo en los brazos de morfeo. Me desanimo, me levanto cansado, miro el tiempo desaprovechado. Tengo miedo. Siento pena y vergüenza, frustración y rabia, incapacidad de movimiento. Siento que estoy fallando, que te estoy fallando, que me estoy fallando. Siento que necesito aire, buenas noticias, silencio a mi alrededor, menos barro en mis botas, no saltar en los charcos, no llevar sobre mi espalda el peso de todo lo que abarco y abrazo.

Pero veo luz. Una tibia luz. Crecimiento, esperanza, tus besos y tus buenos días, tus mensajes de whatsapp. Ojalá supiera qué decirte, qué hacer. Pero solo duermo y lloro mientras el futuro avanza y mi presente no llega.

martes, 9 de noviembre de 2021

Sólo quiero dormir.

 No sabría qué decirte. No sé cómo tapar mi odio. No sé cómo solucionar lo que noto roto. Sólo sé cubrirme con las sábanas o la soledad, en medio de una mirada que se pierde, de un pensamiento agotado y circular, de unas lágrimas que no brotan, de un dolor de cabeza que no se va, de esta tristeza que me atrapa y no me suelta, de esta ira contra todo lo que veo mal.

Aquí estoy sentado, maldiciendo el tiempo que no tengo, los rayos de sol y la pantalla del ordenador, el dolor de piernas y el cansancio, el sueño y mis horas sobre el colchón, la falta de caricias y de palabras, la apatía de jugar y de perder, mis errores y arrepentimientos, mis silencios y mis voces. Mi soledad en medio de la multitud, en la ausencia de tus brazos, en la cima de la incomprensión.

Tener que levantarme, que salir a la calle, que hablar con gente, que ir a cien lugares, cuando mi yo está paralizado, mis piernas no responden y mi cerebro dice no. 

Sólo quiero dormir y que pase todo, sin hablar, sin fallar, sin echar de menos nada ni a nadie, sin exigir, sin expectativas, sin promesas incumplidas, sin fuerzas para ser quien digo ser, con miedo a no ser lo que digo ser. 

lunes, 8 de noviembre de 2021

Perdido.

 Mario y Mateo juegan a la consola. Hoy no hay colegio para ellos. Mario arrastra un fuerte catarro con una tos que suena fatal y Mateo también tiene tos aunque con más mocos que otra cosa. Su necesidad era más bien de descanso después del intenso fin de semana.

Entre desayunos, recoger ropa, colocar el desorden, alguna bronca y cristal roto, jugamos, se duchan, hacemos experimentos y hay un momento para la tranquilidad, para mí.

Pienso en muchas cosas. Tengo una tristeza instalada que no se va. Me siento algo perdido, no tengo rumbo, me encuentro anclado, en un callejón oscuro y sin salida, desorientado. Hay proyectos en la cabeza, ideas que empiezan a verbalizarse y compartirse, sueños factibles y un tremendo miedo, y un temblor de piernas. 

Mis momentos de negrura son más explosivos, hay más picos de ansiedad o pensamientos negativos que un estado tan constante y repetitivo, aunque si me preocupa haberme instalado en una cierta desesperanza, en haber perdido el rumbo, el no saber muy bien qué hacer. Los altibajos son más frecuentes y pronunciados.

Quiero llorar. Me siento enormemente triste, impotente. He visto la cara de Mario cuando le he dicho que el sábado, Alberto Ginés competirá en Plasencia. Tenía la intuición de que iba a ocurrir, aunque también creía que era más una ilusión que una intuición. Me he puesto contento, lo he compartido en redes, me he visto el sábado yendo en familia al rocódromo a ver al campeón olímpico, la cara de fascinación de Mario ha hecho todo lo demás. Y, de repente, me he visto paralizado, incapaz de ir, triste por estar allí. Me he sentido vacío, desilusionado, con un miedo enorme.

Y no sé cómo vencer estos sentimientos, estos pensamientos. No sé cómo darle la vuelta y simplemente disfrutar. No soy capaz de hacerlo de continuo sin ansiedad antes de hacerlo, sin miedo, sin vergüenza o sin arrepentimiento tras haberlo hecho.

No encuentro el camino. Me he perdido. 


sábado, 6 de noviembre de 2021

Miedo.

¿Tienes miedo?

Es una pregunta recurrente en mis consultas, sobre todo en las más discontinuas o alejadas en el tiempo.

¿Tienes miedo?

No entendía la pregunta ¿tienes miedo cuando tienes ideas suicidas? No entendía la pregunta, nunca había tenido ese sentimiento, esa sensación. Eran ideaciones, a veces más fugaces, otras más estructuradas, muchas conscientes de que era una huida, una fuga inmaterializable, un mal pensamiento que nunca iba a ejecutar. Incluso, en mi peor momento, en el día que más cerca me vi de llegar hacerlo, no fue miedo realmente lo que sentí, sino un arrepentimiento previo a la acción, tomar una decisión porque era consciente de lo que podía ejecutar y no quería.

¿Tienes miedo? Sí, ahora ya sé a lo que se refieren. Me ha pasado dos veces. Lo he tenido en la cabeza y en las manos dos veces. De la primera, hace unas semanas, no he sido consciente hasta hoy. Hoy he tenido miedo. Lo he tenido en la cabeza y en las manos, me he aproximado tanto que he sentido el miedo. El miedo me ha salvado. De no haber sentido el abismo bajo mis pies, entre mis dedos, con la cabeza revolucionada, con rayos y truenos, con destellos de muerte y deseos de hacerlo, de no haber tenido miedo tengo miedo de haberlo hecho.

Y ahora es a lo que tengo miedo, al día que no aparezca el miedo para pararme.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Noche de Halloween

Sustos, disfraces, chuches, gominolas, llantos de miedo, Mateo que se agarra fuerte, cara de terror, máscaras y pelucas, castañas y panceta, alitas y solomillo, morros y amistades, charlas y café, alguna discusión, arreglar nuestras vidas en medio del desastre, decir lo que no queremos oír o lo que nuestra cabeza fabrica, el miedo a estar sólo en una noche de terror, el resto de nuestras noches. El pánico a estar con gente y no sentir a nadie. El esfuerzo, la voluntad, no conectar, volverlo a intentar, llorar, desaparecer, respirar, jugar, volver a desaparecer. Frustración, angustia, viejos fantasmas que reaparecen una y otra vez, la muerte tan cerca, esa fina línea entre lo que sucede y lo que pensamos, ese paso que no nos atrevemos a dar, ese paso que damos en falso, la necesidad de sentirte querido, de gritar que estás mal, saberte incomprendido, verte desubicado. De repente, eres feliz. Bromeas, ríes, abrazas. De repente, no encajo. No hay una silla para mí. Voces que forman conversaciones difusas, ajenas, externas. Frases que resquebrajan mi suelo y mi sueño.

Halloween. Noche de brujas y de terror, día de todos los santos 

¿Quiénes son las brujas? ¿Quiénes los santos? ¿Qué nos da miedo? ¿Cómo afrontarlo?