La lluvia azota los cristales. Los "limpia" cuentan kilómetros, las nubes persiguen lugares, el sol esconde su frialdad, invierno se despide golpeándonos, llegando a los huesos, dejando huella en nuestros zapatos.
Cada día más charcos sobre los que saltar. Cada año, más niños para disfrutar del barro. Cada día, el viento se lleva más promesas y nos trae nuevas certezas en las que creer pese a la incertidumbre. Alguna buena noticia, o no tan buena. Alguna sonrisa, ¿o era una simple mueca?
Llueve, la lluvia irrumpe cada día. Tiempo de quedarse en casa. Ya no hay picón, ni braseros, pero siempre habrá una mesa a la que arrimarse para cobijarse del frío. Pasar las tardes en buena compañía, compartiendo alegrías, carcajadas, buenas nuevas, esperanzas de futuro, felicidades de presente. Una coca-cola, una shandy, una tapa de jamón, boquerones y un bocata con olor a un sábado más. Tranquilo, a la orilla de tus olores, de tus encantos, en la sombra de una mirada que deslumbra un nuevo día, una nueva vida. Ya no hay secretos, ¿o sí?
Llueve, la lluvia moja la calle, también nuestras flores. Flores de una primavera que se esconde bajo las piedras de este nuevo techo, flores de una primavera con mucho por vivir, por celebrar. Razones para correr, para coger el teléfono, para esbozar una figura de un dragón alado entre las nubes de un invierno que no se quiere marchar.
Llueve, sí ¡Cómo llueve! Y seguirá lloviendo, a cántaros. Y seguiremos viviendo, y respirando, una vez, dos veces, hasta diez, hasta que aguantemos, hasta que no haya más motivos, que siempre los habrá, para abrir los ojos, para abrir puertas y ventanas y sentir el frío de lluvia dura sobre mis pieles, sobre nuestros huesos. Sentir el barro que se escurre entre las manos, entre los dedos de los pies.
Llueve, y seguirá lloviendo, y el año que viene necesitaremos un paragua más. Y el año pasado, nadie creía que fuera a llover. Los tiempos de sequía son tiempos pasados. Bailemos en la lluvia, cantemos en la lluvia, corramos en la lluvia, riamos en la lluvia.
lunes, 22 de febrero de 2010
miércoles, 10 de febrero de 2010
A veces cuesta
En estos tiempos en los que no es bastante ser buena gente, sino que además hay que parecerlo. Mejor dicho, en estos tiempos en los que no hace falta ser buena gente, basta con parecerlo, se hace cada vez más costoso confiar, ver el lado más humano, creer en la bondad, sinceridad, humildad y en la buena fe.
Día sí y día también, las voces de esos poderosos (o mindundis) dueños del mundo, (el suyo, el nuestro, los de todos) callan la serenidad de aquellos que siguen fieles. Prepotencia, rencor (mucho rencor), envidia, egoísmo, ansias de poder, dinero podrido... Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo en el que los valores humanos llaman la atención.
Puede parecer pesimista, pero es real. Cada día me acostumbro más al dolor que significa y produce un silencio que consiente una injusticia, una bofetada, una ilegalidad, una temeridad o una falta de respeto sin más. Ser despreciado por, simplemente, ser.
Por eso, hay días que valen la pena. Acostumbrado a un ambiente turbio, enrarecido, a una sociedad que se nos muestra corrompida, sin ideales o con ideales cambianes, encontrate una tarde con todo lo contrario da fuerzas para creer que hay alguien fuera que no se conforma con lo que ve. Posiblemente no mandarán nunca, jamás se les dará la palabra para que impongan e impartan justicia, no se les permitirá dar un abrazo cuando un compañero lo necesite, pero estarán ahí.
3 futbolistas, 3 amigos, 3 personas y sus novias, familiares, colegas y allegados, montaron el sábado el lío padre con la solidaridad como principio y el fútbol como excusa (o el fútbol como principio y la solidaridad como excusa). Hago esta última reflexión porque los buenos actos son mejores cuando son reales, cuando se hacen desde el ser, desde su forma de ver la vida, el mundo. Desde su cultura, sus creencias, sus virtudes y sus defectos.
Hay alguien ahí todavía dispuesto a echar un cable, a animarte, a demostrar pasión. Sí, demostrar pasión, furia y alegría, a no pasar impasible ante los sucesos, no sólo las grandes catástrofes, ante nuestras tragedias diarias, las que nos quitan el sueño, las que nos despiertan a media noche, las que nos atormentan en cada luna lluviosa de carretera.
A veces cuesta verlo, creer, vivirlo, pero merece la pena. El sábado me llevé mil gracias, pero el único que puede estar agradecido soy yo. Hacía tiempo que necesitaba creer en la gente, en la sociedad. Ver que no estamos dormidos, que sentimos, que padecemos, que tenemos pasiones por las que luchar y con las que combatir. Gracias por demostrarme que todo eso existe y que, tarde o temprano, ganaremos.
Sí, José, un día serán las buenas personas las que dominen el mundo y no al revés.
Día sí y día también, las voces de esos poderosos (o mindundis) dueños del mundo, (el suyo, el nuestro, los de todos) callan la serenidad de aquellos que siguen fieles. Prepotencia, rencor (mucho rencor), envidia, egoísmo, ansias de poder, dinero podrido... Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo en el que los valores humanos llaman la atención.
Puede parecer pesimista, pero es real. Cada día me acostumbro más al dolor que significa y produce un silencio que consiente una injusticia, una bofetada, una ilegalidad, una temeridad o una falta de respeto sin más. Ser despreciado por, simplemente, ser.
Por eso, hay días que valen la pena. Acostumbrado a un ambiente turbio, enrarecido, a una sociedad que se nos muestra corrompida, sin ideales o con ideales cambianes, encontrate una tarde con todo lo contrario da fuerzas para creer que hay alguien fuera que no se conforma con lo que ve. Posiblemente no mandarán nunca, jamás se les dará la palabra para que impongan e impartan justicia, no se les permitirá dar un abrazo cuando un compañero lo necesite, pero estarán ahí.
3 futbolistas, 3 amigos, 3 personas y sus novias, familiares, colegas y allegados, montaron el sábado el lío padre con la solidaridad como principio y el fútbol como excusa (o el fútbol como principio y la solidaridad como excusa). Hago esta última reflexión porque los buenos actos son mejores cuando son reales, cuando se hacen desde el ser, desde su forma de ver la vida, el mundo. Desde su cultura, sus creencias, sus virtudes y sus defectos.
Hay alguien ahí todavía dispuesto a echar un cable, a animarte, a demostrar pasión. Sí, demostrar pasión, furia y alegría, a no pasar impasible ante los sucesos, no sólo las grandes catástrofes, ante nuestras tragedias diarias, las que nos quitan el sueño, las que nos despiertan a media noche, las que nos atormentan en cada luna lluviosa de carretera.
A veces cuesta verlo, creer, vivirlo, pero merece la pena. El sábado me llevé mil gracias, pero el único que puede estar agradecido soy yo. Hacía tiempo que necesitaba creer en la gente, en la sociedad. Ver que no estamos dormidos, que sentimos, que padecemos, que tenemos pasiones por las que luchar y con las que combatir. Gracias por demostrarme que todo eso existe y que, tarde o temprano, ganaremos.
Sí, José, un día serán las buenas personas las que dominen el mundo y no al revés.
lunes, 25 de enero de 2010
Sé fiel
Hay días y días. Hay días que te levantas contento, otros que empiezas con el pie izquierdo. Hay personas y personas.
Cada día me cruzo con Ponzio Pilato. Yo le miro a la cara, él evita la mirada. Sin sangre, sin puñal, con traición. Siempre habrá un Haiti para limpiar nuestras conciencias. Unos euros que ni cambian el mundo ni nos cambian a nosotros mismos. Actúa como debas, no como creas o quieras. Eso sí, actúa. Y ten en cuenta que no sólo tienes que ser bueno, debes parecerlo.
Pon la cara cuantas veces te la partan, sé fiel. A ti mismo lo primero. Cree. En ti mismo lo primero. Pero cree de verdad, no te mientas. Es decir, sé fiel, a ti mismo lo primero.
No esperas nada de los demás. Das lo que crees que debas dar y nunca esperes.
Reza esta oración 10 veces hasta que te la creas, hasta que te convenzas. Sé fiel, a ti mismo lo primero
Cada día me cruzo con Ponzio Pilato. Yo le miro a la cara, él evita la mirada. Sin sangre, sin puñal, con traición. Siempre habrá un Haiti para limpiar nuestras conciencias. Unos euros que ni cambian el mundo ni nos cambian a nosotros mismos. Actúa como debas, no como creas o quieras. Eso sí, actúa. Y ten en cuenta que no sólo tienes que ser bueno, debes parecerlo.
Pon la cara cuantas veces te la partan, sé fiel. A ti mismo lo primero. Cree. En ti mismo lo primero. Pero cree de verdad, no te mientas. Es decir, sé fiel, a ti mismo lo primero.
No esperas nada de los demás. Das lo que crees que debas dar y nunca esperes.
Reza esta oración 10 veces hasta que te la creas, hasta que te convenzas. Sé fiel, a ti mismo lo primero
lunes, 11 de enero de 2010
El frío huele
Una calle empedrada, con una fuerte pendiente y un canal de agua en medio del camino.
Entre el rugir de las montañas, el silencio de un pueblo de la sierra y el calor que abrigan tus abrazos descubro el olor del frío.
Huele a invierno, al gris de las nubes que tapan el techos de nuestros sueños, al sabor de la carne en una hoguera con leña natural, al humo del picón que empaña nuestra mirada.
Es el momemto de cumplir promesas y deseos, de mirar adelante, de pensar en el verde que nos rodea, de planear, de querernos, de detener un tiempo que hace tiempo no nos regala su oro, de saborear las mieles de nuestro éxito y brindar con cava mientras como de la manzana bendita de tus labios.
Es nuestro momento. Ya vendrán horas de carretera, fotos de nieve y frío en los costados. Ahora toca disfrutar y saborear el frío, aprender como huele.
Entre el rugir de las montañas, el silencio de un pueblo de la sierra y el calor que abrigan tus abrazos descubro el olor del frío.
Huele a invierno, al gris de las nubes que tapan el techos de nuestros sueños, al sabor de la carne en una hoguera con leña natural, al humo del picón que empaña nuestra mirada.
Es el momemto de cumplir promesas y deseos, de mirar adelante, de pensar en el verde que nos rodea, de planear, de querernos, de detener un tiempo que hace tiempo no nos regala su oro, de saborear las mieles de nuestro éxito y brindar con cava mientras como de la manzana bendita de tus labios.
Es nuestro momento. Ya vendrán horas de carretera, fotos de nieve y frío en los costados. Ahora toca disfrutar y saborear el frío, aprender como huele.
lunes, 4 de enero de 2010
Mejor mañana
Aunque cualquier tiempo pasado siempre parece mejor, yo me niego a pensar que hay una fecha más ideal que mañana. Aunque los grandes clásicos pervivan en el tiempo y entierren bajo su losa a los grandes de hoy, siempre me he negado a pensar que las mejores películas ya están vistas, que los grandes inventos ya están descubiertos y que las mejores novelas ya duermen sobre papel.
Sé que los mejores versos aún no han salido de tus labios, que las mejores letras no se han escrito y que las melodías más sinceras aún no han llegado a oído alguno, que me quedan mejores programas por hacer y mejores deseos que cumplir.
Por todo eso, me niego a pensar que haya pasado el mejor día de mi vida, aunque el 25 de julio, el 27 de agosto y el 14 de noviembre de 2009 quedarán siempre en mi recuerdo. 3 días, y 362 más, para recordar pero no para complacerme. El mejor año está por aparecer. La sonrisa de mi padre, los recuerdos de camino a Madrid en un 30 de abril se multiplicaron por mil cuando su firma cambió del papel que le daba pie a su descanso al que certificaba un amor sin caducidad. Llegarán aún más sonrisas que las que echó entre viejos amigos y otros que nunca cayeron al olvido.
Los ojos brillantes de mi madre, a lo mejor llorosos cuando me tenía en sus brazos, se iluminaron más 1 mes después cuando volvió a sentir en sus manos el tacto de un bebé, volvió a oir su sonrisa, y volvió a sentir la juventud que creyó dejar hace años cuando compartía secretos y jaleo con aquella amigo que desde hace tiempo sólo aparecía, con una voz arrolladora, de año en año.
Seguro que habrá días mejores, aunque este 2009 quede como un año inolvidable, un año maestro. No creas que las lágrimas de felicidad las agotaste entre cuentas y decimales, entre nombres de desconocidas y hombres con nombre pero sin rostro. No creas que en mis brazos dejaste tus mejores pasos de baile, que con tus amigos compartiste las mejores tardes de piscina, que el sol brilló más en las playas del Adriático o que comiste el mejor cordero tras las nubes de esta navidad que no será la más lluviosa.
Quedan aguas por caer, serán mejores. Quedan rayos de sol por disfrutar, serán más cálidos. Quedarán montañas por descubrir, serán más altas. Quedarán otoños por cumplir, serán más fríos. Quedarán victorias que celebrar como un Pantocrato, el 6 volverá a ser el número de la Bestia y habrá diablos mayores y dioses que vuelvan a crear hojaldres para nosotros, y ángeles que iluminen nuestros cuerpos cuando las velas hayan consumido las ceras y mieles más sabrosas que están por venir.
No pienses que ya ha pasado lo mejor. Todavía nos queda toda una vida por disfrutar.
Sé que los mejores versos aún no han salido de tus labios, que las mejores letras no se han escrito y que las melodías más sinceras aún no han llegado a oído alguno, que me quedan mejores programas por hacer y mejores deseos que cumplir.
Por todo eso, me niego a pensar que haya pasado el mejor día de mi vida, aunque el 25 de julio, el 27 de agosto y el 14 de noviembre de 2009 quedarán siempre en mi recuerdo. 3 días, y 362 más, para recordar pero no para complacerme. El mejor año está por aparecer. La sonrisa de mi padre, los recuerdos de camino a Madrid en un 30 de abril se multiplicaron por mil cuando su firma cambió del papel que le daba pie a su descanso al que certificaba un amor sin caducidad. Llegarán aún más sonrisas que las que echó entre viejos amigos y otros que nunca cayeron al olvido.
Los ojos brillantes de mi madre, a lo mejor llorosos cuando me tenía en sus brazos, se iluminaron más 1 mes después cuando volvió a sentir en sus manos el tacto de un bebé, volvió a oir su sonrisa, y volvió a sentir la juventud que creyó dejar hace años cuando compartía secretos y jaleo con aquella amigo que desde hace tiempo sólo aparecía, con una voz arrolladora, de año en año.
Seguro que habrá días mejores, aunque este 2009 quede como un año inolvidable, un año maestro. No creas que las lágrimas de felicidad las agotaste entre cuentas y decimales, entre nombres de desconocidas y hombres con nombre pero sin rostro. No creas que en mis brazos dejaste tus mejores pasos de baile, que con tus amigos compartiste las mejores tardes de piscina, que el sol brilló más en las playas del Adriático o que comiste el mejor cordero tras las nubes de esta navidad que no será la más lluviosa.
Quedan aguas por caer, serán mejores. Quedan rayos de sol por disfrutar, serán más cálidos. Quedarán montañas por descubrir, serán más altas. Quedarán otoños por cumplir, serán más fríos. Quedarán victorias que celebrar como un Pantocrato, el 6 volverá a ser el número de la Bestia y habrá diablos mayores y dioses que vuelvan a crear hojaldres para nosotros, y ángeles que iluminen nuestros cuerpos cuando las velas hayan consumido las ceras y mieles más sabrosas que están por venir.
No pienses que ya ha pasado lo mejor. Todavía nos queda toda una vida por disfrutar.
viernes, 1 de enero de 2010
sábado, 19 de diciembre de 2009
Adiós otoño
Sonríen los últimos rayos del sol de otoño, se desperezan detrás de una nube que furiosa descarga los primeros copos de un invierno más gris que blanco.
Aparta el vaho del espejo. Éste le devuelve el gesto sereno y tímido de noviembre, la calidez de su paleta ocre, la alegría del frío que sonroja sus mejillas, que da luz a su aliento, que cala el abrigo de sus penas, que moja sus botas en una acera sobre la que aparca un coche sin luces. Suena el claxon. Arriba, entre las sábanas, las primeras fiebres de enero desatan el lazo de un camisón. La fiebre hay que sudarla.
Sonríen los últimos rayos del sol de otoño, sus finas caderas se balancean al compás de un villancico. Tonto y feliz muerde la flor que un día le arrebató la primavera. Turrón, polvorones y una botella de anís calientan un sofá que hoy no mira al televisor. La maleta en la entrada, la sonrisa de la peque de la casa. Abajo, el bar adornado con los farolillos y espumillones.
Cuéntame. Qué tal va todo.
Una tripita naciente aparece por la puerta. Una más a la candela de un hogar que en su hoguera calienta la fragua de un amor callado. Sonríe el peque de la casa. La abuela cocina, hoy para uno más. El abuelo recupera la barba, hoy cana, y llena de regalos una mesa en la que sólo queda el sonido de los brindis, el eco de los buenos deseos que arden entre las cenizas de los sueños cumplidos.
Durante un segundo se miran a los ojos y sonríen. 25 de julio por un instante. El árbol espera en casa. A sus pies, regalos llenos con todo lo que te puedas encontrar en cajas vacías.
Adiós otoño.
Aparta el vaho del espejo. Éste le devuelve el gesto sereno y tímido de noviembre, la calidez de su paleta ocre, la alegría del frío que sonroja sus mejillas, que da luz a su aliento, que cala el abrigo de sus penas, que moja sus botas en una acera sobre la que aparca un coche sin luces. Suena el claxon. Arriba, entre las sábanas, las primeras fiebres de enero desatan el lazo de un camisón. La fiebre hay que sudarla.
Sonríen los últimos rayos del sol de otoño, sus finas caderas se balancean al compás de un villancico. Tonto y feliz muerde la flor que un día le arrebató la primavera. Turrón, polvorones y una botella de anís calientan un sofá que hoy no mira al televisor. La maleta en la entrada, la sonrisa de la peque de la casa. Abajo, el bar adornado con los farolillos y espumillones.
Cuéntame. Qué tal va todo.
Una tripita naciente aparece por la puerta. Una más a la candela de un hogar que en su hoguera calienta la fragua de un amor callado. Sonríe el peque de la casa. La abuela cocina, hoy para uno más. El abuelo recupera la barba, hoy cana, y llena de regalos una mesa en la que sólo queda el sonido de los brindis, el eco de los buenos deseos que arden entre las cenizas de los sueños cumplidos.
Durante un segundo se miran a los ojos y sonríen. 25 de julio por un instante. El árbol espera en casa. A sus pies, regalos llenos con todo lo que te puedas encontrar en cajas vacías.
Adiós otoño.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)