Gotas secas de aromas perdidos, vacío en las entrañas, tristeza en el abismo, sombras de escombros, arena y piedras en los pulmones, sensación de no estar, de estar sólo, incómodo, alejado de lo demás. Mirar alredor y preguntar ¿por qué? ¿cómo? Puentes de escape hacia nuevos universos que son derruidos. Una y otra vez, sueños que se desmoronan, ilusiones ilusas, propuestas y presupuestos agotados, números rojos, ojos ensangrentados por la rabia. Falta vida, falta talento, faltan horas, ganas de hacerlo bien, falta riesgo. Así no existe el éxito. El fracaso es una rutina ¿dónde quedó la fantasía? ¿dónde habita la ambición? ¿dónde vuelan nuestros deseos?
No hay vendas que tapen los ojos de mi esperanza, de mi genio, de mis credos. Sigo imaginando la vida en 24 fotogramas, sigo gritando al viento el deporte, seguiré apostando por el talento, por la razón, por el diálogo. Seguiré buscando el camino aunque la falsedad esconda sus triunfos tras el poder intoxicado, corrompido por el conformismo, por la falta de aptitud, por el miedo a perder lo ganado sin esfuerzo. Anhelos de tiempos pasados menos firmes, en tierras movedizas, en barros de los que siempre salimos, en los que ser felices. Echo en falta la inspiracion, la libertad creativa, la sonrisa, menos "y si...", más ¿por qué no? Poesía, imágenes, palabras,...
Joder, qué difícil es todo. O qué difícil es convencer al mundo de que este mundo es más fácil de lo que creemos. Sigamos intentándolo.
jueves, 21 de octubre de 2010
martes, 19 de octubre de 2010
los días en que me decías que todo iba a irme bien.
Aún queda tanto por vivir,
tantas cosas por hacer
aunque pesen los fracasos.
Cuántos veranos perdí
buscando aquella canción.
Siempre estuvo en tu regazo.
Nuestro error nunca fue amar
como si el jodido mundo
acabara en nuestro abrazo.
Que nadie te haga pensar
que no fuimos los mejores
cuando el sol ardía en tus labios.
Vuelvo y te encuentro en las cumbres y en el lodo,
la verdad es que te encuentro en casi todo,
siempre o casi siempre te encuentro.
Quizá por eso vuelvo.
(Parte final de "Vuelvo". Ismael Serrano -Acuérdate de vivir-)
tantas cosas por hacer
aunque pesen los fracasos.
Cuántos veranos perdí
buscando aquella canción.
Siempre estuvo en tu regazo.
Nuestro error nunca fue amar
como si el jodido mundo
acabara en nuestro abrazo.
Que nadie te haga pensar
que no fuimos los mejores
cuando el sol ardía en tus labios.
Vuelvo y te encuentro en las cumbres y en el lodo,
la verdad es que te encuentro en casi todo,
siempre o casi siempre te encuentro.
Quizá por eso vuelvo.
(Parte final de "Vuelvo". Ismael Serrano -Acuérdate de vivir-)
jueves, 14 de octubre de 2010
Crecen
Hace mucho que no escribo. No sé si es por falta de ideas o de tiempo, o quizá por exceso de preocupaciones y de cansancio. Puede ser que, involuntaria o incoscientemente, no quiera compartir lo poco o mucho que pasa en el día a día. Es cansado.
Pero aquí estoy, obligándome, en el paréntesis de mi dia de amo de casa, para, por lo menos, no ver tan atrasado el blog con un mes que ya pasó y quedó en el recuerdo. Ya es octubre, las tardes caen antes, el sol se agota pronto y junto a él, como en primavera, los nostálgicos. El cielo se tiñe de rojo, adormilado entre nubes que ocultan un cielo azul distinto. Todavía no huele a frío, todavía no ha dejado de hacer calor, pero todo se ve ya distinto. Se ve distino San Martín, sin hielo, sin nieve, con amigos. Se ve distinta Gata, entre verdes y caminos, entre vinos y patés, entre lechazo, naranja y pimentón. Se saborean más las piedras, el bacalao, el frío de una pared hecha arte, artesanía para degustar palpando, para saborear en el olor de esos lugares que huelen distintos y que saben mejor en buena compañía.
Alejandro crece, cada día más rápido. Su sonrisa conquista, su mirada tímida, inquisidora, dispuesta a descubrir un mundo entero lleno de sensaciones y planes, de juegos, tierra, patatas y más ilusiones. En su inocencia olvida miserias que no son y que nosotros, aprendiendo de él, deberíamos olvidar.
Gonzalo duerme, o come, o se estira buscando una posición cómoda o te interroga con una mirada penetrante, fija, tratando de reconocer quien anda ahí. No sabe de primeros pasos, de primeros golpes y chichones, de cosquillas y alientos. Sabe de presencias felices que siguen sorprendiéndose con cada gesto novel. Es alucinante.
Patricia se preocupa al tiempo que olvida y disfruta. Ve a sus pequeños, anhela otros cuerpos en sus brazos, parpadea, sonrie e alumbra felicidad con su mirada. En ella, la melancolía más austera. Se sube al nuevo coche y vive, palpa y recorre kilómetros, pregunta para escuchar lo que no quiere oir, pero lo volverá a preguntar. Se desternilla en el silló, rompe a reir con una carjada ante lo más absurdo. Me mira y me ama. Me mira y lo demuestra. Patricia sigue disfruntando de cada segundo esperando que llegue el segundo siguiente, el deseado.
Mis padres son abuelos. Abuelos con mayúsculas. Corren y ya no duelen las piernas. Se agachan y ya no hay achaques, ríen como no pudieron hacerlo antes todo lo que quisieron. Juegan, descubren un mundo entero en los ojos de su nieto, en sus pies, como si fueran las manos de ese pequeño que, en cada tacto, halla nuevas sensaciones, nuevos mundos, nuevos placeres y temores. No hablan de otra cosa pero es que ¿existe otra cosa en el mundo?
Yo sigo igual. Días más felices, días más tristes. Días enfadados por la justicia de un reparto nada equitativo, por la necedad de los que mandan, por la ausencia de prioridades o la confusión al ordenarlas. Soñando con una primitiva, viviendo la realidad que nos toca, disfrutando cada vez que puedo, viviendo tan lejos como a tu lado, echando de menos caricias por las mañanas, añorando soles por las tardes o buscando lunas en tu ventana. Aprendiendo a cocinar, pensando en baloncesto, imaginándome siempre aquí a tu lado y no tan lejos, a veces tan lejos. Sigue siendo difícil la distancia aunque no haya realmente tanta. Por eso sueño con sueños imposibles, con verdades inalcanzables, con los dos en una misma atalaya desde la que observar lo que pasamos juntos, desde donde ver lo que nos queda por construir, por cuidar, por criar.
Octubre tiene algo de melancolía, un sol más apagado, una noche menos fría, un atardecer más rojo, menos cálido. Octubre es tiempo de revolución. A ver si cambio.
Pero aquí estoy, obligándome, en el paréntesis de mi dia de amo de casa, para, por lo menos, no ver tan atrasado el blog con un mes que ya pasó y quedó en el recuerdo. Ya es octubre, las tardes caen antes, el sol se agota pronto y junto a él, como en primavera, los nostálgicos. El cielo se tiñe de rojo, adormilado entre nubes que ocultan un cielo azul distinto. Todavía no huele a frío, todavía no ha dejado de hacer calor, pero todo se ve ya distinto. Se ve distino San Martín, sin hielo, sin nieve, con amigos. Se ve distinta Gata, entre verdes y caminos, entre vinos y patés, entre lechazo, naranja y pimentón. Se saborean más las piedras, el bacalao, el frío de una pared hecha arte, artesanía para degustar palpando, para saborear en el olor de esos lugares que huelen distintos y que saben mejor en buena compañía.
Alejandro crece, cada día más rápido. Su sonrisa conquista, su mirada tímida, inquisidora, dispuesta a descubrir un mundo entero lleno de sensaciones y planes, de juegos, tierra, patatas y más ilusiones. En su inocencia olvida miserias que no son y que nosotros, aprendiendo de él, deberíamos olvidar.
Gonzalo duerme, o come, o se estira buscando una posición cómoda o te interroga con una mirada penetrante, fija, tratando de reconocer quien anda ahí. No sabe de primeros pasos, de primeros golpes y chichones, de cosquillas y alientos. Sabe de presencias felices que siguen sorprendiéndose con cada gesto novel. Es alucinante.
Patricia se preocupa al tiempo que olvida y disfruta. Ve a sus pequeños, anhela otros cuerpos en sus brazos, parpadea, sonrie e alumbra felicidad con su mirada. En ella, la melancolía más austera. Se sube al nuevo coche y vive, palpa y recorre kilómetros, pregunta para escuchar lo que no quiere oir, pero lo volverá a preguntar. Se desternilla en el silló, rompe a reir con una carjada ante lo más absurdo. Me mira y me ama. Me mira y lo demuestra. Patricia sigue disfruntando de cada segundo esperando que llegue el segundo siguiente, el deseado.
Mis padres son abuelos. Abuelos con mayúsculas. Corren y ya no duelen las piernas. Se agachan y ya no hay achaques, ríen como no pudieron hacerlo antes todo lo que quisieron. Juegan, descubren un mundo entero en los ojos de su nieto, en sus pies, como si fueran las manos de ese pequeño que, en cada tacto, halla nuevas sensaciones, nuevos mundos, nuevos placeres y temores. No hablan de otra cosa pero es que ¿existe otra cosa en el mundo?
Yo sigo igual. Días más felices, días más tristes. Días enfadados por la justicia de un reparto nada equitativo, por la necedad de los que mandan, por la ausencia de prioridades o la confusión al ordenarlas. Soñando con una primitiva, viviendo la realidad que nos toca, disfrutando cada vez que puedo, viviendo tan lejos como a tu lado, echando de menos caricias por las mañanas, añorando soles por las tardes o buscando lunas en tu ventana. Aprendiendo a cocinar, pensando en baloncesto, imaginándome siempre aquí a tu lado y no tan lejos, a veces tan lejos. Sigue siendo difícil la distancia aunque no haya realmente tanta. Por eso sueño con sueños imposibles, con verdades inalcanzables, con los dos en una misma atalaya desde la que observar lo que pasamos juntos, desde donde ver lo que nos queda por construir, por cuidar, por criar.
Octubre tiene algo de melancolía, un sol más apagado, una noche menos fría, un atardecer más rojo, menos cálido. Octubre es tiempo de revolución. A ver si cambio.
martes, 21 de septiembre de 2010
Septiembre
El verano se esfuma entre nubes altas. El azul de cielo cambia, se hace más oscuro, más intenso, más intermitente. Septiembre separa nuestras vidas, nuestros ciclos, nuestros cuerpos. Septiembre se hace eterno, su reloj se para cada segundo, su calendario se niega a dejar caer sus hojas, sus árboles se baten entre el calor y la lluvia, entre el sol del estío y la lluvia de un otoño que se anuncia en todas partes.
Del sopor, de los 40 grados a la sombra, del asfalto ardiendo bajo nuestros pies, quemando nuestras ansias de caminar, hasta el granizo, la tormenta, el rayo. Septiembre se hace eterno, nos calienta como la mirada sensual de una jovenzuela mostrando su hombro y nos golpea duro y frío, como el pedrisco, como la muerte del último político, del verdadero discurso, del hombre de a pie que conoció España y sus andantes, sus personas, sus dolores y quehaceres. Conocer nuestro trabajo y nuestro tiempo libre, las horas de siesta que se acortan en septiembre, las tardes de paseo por las verdes orillas, las noches en terrazas, barbacoas o, simplemente, en casa, a la luz de televisión que no nos ilumina.
Septiembre es tiempo de espera. Espera de rutinas, nuevas rutinas que crear, nuevas tradiciones que construir, nuevos momentos de espera, de paciencia. Una llamada que alumbre un nuevo mundo. No recuerdo pasado antes de ti. Un coche nuevo aparcado en la puerta. Kilómetros por hacer, hoteles que visitar, playas por descubrir, calles y sombras por las que andar, mirar, bostezar y divertir.
Semptiembre son cientos de niños esperando su pañuelo, ansiosos de aprender a atarse los zapatos. Miles de oyentes, o ninguno, centenares de escuchantes, una persona que te atiende y entiende y que observa en su imaginación tu voz.
Septiembre te ahoga en los nuevos propósitos, en las nuevas cuentas. Septiembre te llena de esperanza o de miedos. Septiembre es el nuevo año, pero sin fiesta. Con calzonas o vaqueros, sin corbatas ni cotillón. Septiembre vuela lenta, el verano pasó su aliento por nuestra piel. El otoño debe recordarnos.
Del sopor, de los 40 grados a la sombra, del asfalto ardiendo bajo nuestros pies, quemando nuestras ansias de caminar, hasta el granizo, la tormenta, el rayo. Septiembre se hace eterno, nos calienta como la mirada sensual de una jovenzuela mostrando su hombro y nos golpea duro y frío, como el pedrisco, como la muerte del último político, del verdadero discurso, del hombre de a pie que conoció España y sus andantes, sus personas, sus dolores y quehaceres. Conocer nuestro trabajo y nuestro tiempo libre, las horas de siesta que se acortan en septiembre, las tardes de paseo por las verdes orillas, las noches en terrazas, barbacoas o, simplemente, en casa, a la luz de televisión que no nos ilumina.
Septiembre es tiempo de espera. Espera de rutinas, nuevas rutinas que crear, nuevas tradiciones que construir, nuevos momentos de espera, de paciencia. Una llamada que alumbre un nuevo mundo. No recuerdo pasado antes de ti. Un coche nuevo aparcado en la puerta. Kilómetros por hacer, hoteles que visitar, playas por descubrir, calles y sombras por las que andar, mirar, bostezar y divertir.
Semptiembre son cientos de niños esperando su pañuelo, ansiosos de aprender a atarse los zapatos. Miles de oyentes, o ninguno, centenares de escuchantes, una persona que te atiende y entiende y que observa en su imaginación tu voz.
Septiembre te ahoga en los nuevos propósitos, en las nuevas cuentas. Septiembre te llena de esperanza o de miedos. Septiembre es el nuevo año, pero sin fiesta. Con calzonas o vaqueros, sin corbatas ni cotillón. Septiembre vuela lenta, el verano pasó su aliento por nuestra piel. El otoño debe recordarnos.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Realmente enfadado
"Si dejamos que consuman, nosotros ya no podemos ganar el partido en el tiempo reglamentario" Juanma López Iturriaga, justo antes de iniciarse la última posesión de Serbia
Acaba de terminar el partido de cuartos de final entre España y Serbia del Mundobasket. España acaba de finiquitar sus opciones de revalidar el título mundial y sus opciones de medalla.
Los serbios, subcampeones de Europa hace un año ante España, nos han ganado 92-89 con un triplazo de Teodosic, pero ese escueto resumen, aún siendo real, es injusto para valorar la derrota en un partido -un mundial- con muchas aristas y demasiadas negativas. Eso sí, el mal mayor, la mala defensa (débil y equivocada durante casi todo el partido, incluida la última posesión serbia) y las malas decisiones desde el banquillo en los momentos calientes. Como ya ocurriera contra Estados Unidos, Scariolo improvisa una idea al filo del minuto de tiempo-muerto (último minuto del vídeo)
En ataque nos hemos sostenido en los 27 puntos de Navarro (conseguidos casi siempre en méritos personales más que en jugadas de equipo), en el acierto exterior de Garbajosa-tengo-alergia-a-la-pintura y a un arreón en el último cuarto de Rudy Fernández. Lo demás, nada o casi nada. De hecho, el que debía ser referente interior (Marc Gasol) ha estado gris. Que digo gris, negro. Sin rebote, sin intimidación pese al número de tapones y sin querer buscar el cuerpo contra cuerpo a la hora de atacar el aro final (tendría miedo a ganarse un sillazo). La realidad es que el hermanísimo ha cumplido mis expectativas, ha demostrado estar a años luz de lo que se espera de él y ha vuelto a esconderse en los partidos decisivos (ni el sábado ni hoy ha aperecido como se esperaba, algo que ya preveía tras el choque con Estados Unidos).
La otra decepción (o trastazo previsible) ha sido la de Ricky Rubio. Sin dirección de juego y con toma de decisiones precipitadas y equivocadas (hoy ha hecho dos faltas en campo contrario que le han impedido defender a su nivel posteriormente). Hay una realidad palpable y es que un base bueno pero con lagunas demasiado definidas ve ampliadas sus carencias si no hay un segundo play-maker de garantías en el banco. Es un jugón pero no mueve bien en estático, no tiene capacidad de anotación exterior, se precipita en momentos calientes... Calderón, te hemos echado demasiado de menos.
Aún así, con Llull (por fin le ha puesto hoy de 1, para eso se llevó sólo dos bases al mundial) aportando en defensa y con diversas trampas para ensombrecer o esconder la falta de aportación de Marc (tampoco se ha buscado el juego interior, en defensa de Marc), España se ha mantenido en partido acertando en ataque, pero lo ha perdido en defensa. El primer tiempo (49 puntos Serbia) ha sido de lo más tibio por dentro y por fuera siempre había uno sólo (el acierto de Garbajosa en ataque tiene como contrapunto su mala defensa hoy). Podría hablar horrores de la facilidad con la que anotaron en el primer tiempo, de los fallos en el 2 para 2 desde el frontal -ha sucedido durante todo el mundial-, de la falta de intensidad en el 1x1, de manos abajo en los triples, de llegar tarde o de pasar por detrás en el bloqueo. 49-41, demasiadas concesiones.
En el segundo tiempo hemos empezado más duro, con una defensa individual mucho más cercana que nos ha permitido acercarnos a Serbia. Acercarnos, porque íbamos a remolque, algo que no debería haber pasado y que, lamentablemente, se ha repetido en el último cuarto. No sé si es que creíamos que ya estaba lo más complicado hecho o que hemos pagado el esfuerzo, pero hemos empezado el último periodo menos duros.
Y por si fuera poco, Scariolo ha querido repetir la estrategia que tan buenos resultados nos dio ante Grecia pero sin darnos cuenta de que delante estaba la Serbia de Velickovic, Bjelica, Savanovic y Teodosic. La zona 2-3 nos ha matado. Por un momento nos ha metido en partido (1 de 7 el héroe del partido hasta la jugada decisiva) pero, excediéndonos en su uso, nos ha vueltoa poner por detrás y nos ha obligado de nuevo a remontar una diferencia entre 6 y 8 puntos que, con esta Serbia, es un mundo. Aún así, Navarro y Rudy nos han vuelto a meter en partido y hemos tenido opciones de llegar a ganar el choque tras triplazo del capi, buena defensa y una gran jugada de bloqueo y continuación entre Navarro y Marc. Pero claro, esa es la calidad individual de nuestros jugadores, donde el banquillo no habla, no decide. A partir de ahí, llega el momento de tomar las decisiones desde el frío azul, desde la pizarra y, como ya hemos comprobado varias veces (Turquía, Eslovenia, Estados Unidos, Lituania y, ahora, Serbia) con últimas posesiones igualadas, Scariolo se equivoca y la pizarra se emborrona.
Con 25 segundos por delante, con Serbia en unos porcentajes espectaculares en tiro (llevaba 14 de 29 en triples, por mucho que Teodosic no estuviera tan fino) y con jugadores claramente de mano caliente, creo que lo más conveniente era jugar a incrementar el número de posesiones o, al menos, tener la bola para ganar el partido, no tener la defensa para -como mucho- empatarlo. Esa opción me parece acertada con el tiempo más agotado pero ¿a 25 segundos? Se me ocurren -como poco- hasta 4 posesiones en ese tiempo y que ellos -equipo joven, 22 años de media- noten la presión de la soledad en el 4.60 y, con un poco de suerte, uno de sus ataques sea para remontar y a vida o muerte, no a victoria, a gloria o prórroga. Scariolo optó el camino corto, el del miedo, y defendió o, lo que es lo mismo ¡Jugó a empatar con 25 segundos por delante! (No comparar a elegir defensa en las semifinales del Mundobasket de Japón contra Argentina o en el Europeo de Madrid en la final contra Rusia, ahí defendíamos ventaja. Si fallaban -Argentina falló- ganábamos. Si anotaban -Rusia metió- teníamos bola para ganar)
Dicho esto, Scariolo decide prórroga. Llull con Teodosic y, tras bloqueo, Garbajosa con el base serbio. ¿Buena defensa?, quizá sí (lo he visto después, y no es buena defensa), pero es Teodosic (podríamos haber optado por un 2x1) y ahí aparece la clase de uno de los hombres llamados a escribir su nombre con letras de oro en el mundial. Y la T ya la ha puesto, bueno, yo creo que ha escrito Teo. Por cierto, en el Eurobasket de 2005 pasó lo mismo, también con Garbajosa defendiendo en ese caso a Nowitzki.
Esta vez ha sido Teodosic. Desde casi 9 metros se ha inventado un triple. Sí, triplazo imprevisible, pero evitable a tenor de lo anteriormente contado (mala defensa en zona que obliga a remontar, jugar a empatar en vez de a ganar, confiar en el error de una selección que supera el 40% en triples,...). Aún así, 3 segundos para buscar aquello que 22 segundos antes habíamos firmado (si juegas a empatar, pierdes). Tiempo muerto para marcar y elegir jugada y ahí, los miedos, los fantasmas, los errores y la decisión del elemento sorpresa (que se la juegue Llull, pensaría irónicamente Marc). Con 3 segundos por delante, sólo 3 segundos, y la imperiosa necesidad de anotar un triple, el balón lo pone en juego el que debe lanzar el triple (Navarro). Es decir, renunciamos seguro a un foco de atención para la defensa balcánica y, como poco, a 1 segundo de nuestra escasa posesión -si le devuelven el balón- o elegimos que se la juegue otro.
El elegido, por la forma de mover el balón, es GARBAJOSA. Que tiene buena mano, nadie lo va a dudar pero, ¿qué es el hombre más indicado para levantar el balón, armar el brazo y lanzar a canasta con 3 tíos defendiéndole? Déjame pensar... No me hace falta pensar... MAL, Scariolo, MAL. Sólo observa una vez la jugada y aprecia como el de Torrejón no es capaz ni de tirar a canasta.
Derrota merecida de España o victoria justa de Serbia, no sé como calificarlo, sólo sé que estoy enfadado. Quizá en esa jugada Garbajosa debía haber puesto el balón en juego -yo hubiera elegido a Ricki-, haber bloqueado para librar a Navarro, haber recibido el balón arriba para luego asistir a Navarro. Quizá debería esperar en la esquina para una opción de tiro en el caso de que Navarro (primera opción) o Rudy (segunda oportunidad) no tuvieran posibilidad de tiro, pero jamás debe ser él el que reciba para buscar la canasta. Creo que las imágenes me dan la razón. Creo que todo el partido me da la razón a lo que escribí hace un año cuando pedí que se fuera aunque ganase el Eurobasket (la diferencia, Pau por Marc) o cuando describí lo que ocurrió en el partido contra Estados Unidos (por cierto, fue él quien mandó tirar a 8segundos del final tras un tiempo muerto de dudas y órdenes precipitadas).
Hemos perdido, aspiramos sólo a ser quintos. Estoy realmente enfadado. Adiós Scariolo.
Acaba de terminar el partido de cuartos de final entre España y Serbia del Mundobasket. España acaba de finiquitar sus opciones de revalidar el título mundial y sus opciones de medalla.
Los serbios, subcampeones de Europa hace un año ante España, nos han ganado 92-89 con un triplazo de Teodosic, pero ese escueto resumen, aún siendo real, es injusto para valorar la derrota en un partido -un mundial- con muchas aristas y demasiadas negativas. Eso sí, el mal mayor, la mala defensa (débil y equivocada durante casi todo el partido, incluida la última posesión serbia) y las malas decisiones desde el banquillo en los momentos calientes. Como ya ocurriera contra Estados Unidos, Scariolo improvisa una idea al filo del minuto de tiempo-muerto (último minuto del vídeo)
En ataque nos hemos sostenido en los 27 puntos de Navarro (conseguidos casi siempre en méritos personales más que en jugadas de equipo), en el acierto exterior de Garbajosa-tengo-alergia-a-la-pintura y a un arreón en el último cuarto de Rudy Fernández. Lo demás, nada o casi nada. De hecho, el que debía ser referente interior (Marc Gasol) ha estado gris. Que digo gris, negro. Sin rebote, sin intimidación pese al número de tapones y sin querer buscar el cuerpo contra cuerpo a la hora de atacar el aro final (tendría miedo a ganarse un sillazo). La realidad es que el hermanísimo ha cumplido mis expectativas, ha demostrado estar a años luz de lo que se espera de él y ha vuelto a esconderse en los partidos decisivos (ni el sábado ni hoy ha aperecido como se esperaba, algo que ya preveía tras el choque con Estados Unidos).
La otra decepción (o trastazo previsible) ha sido la de Ricky Rubio. Sin dirección de juego y con toma de decisiones precipitadas y equivocadas (hoy ha hecho dos faltas en campo contrario que le han impedido defender a su nivel posteriormente). Hay una realidad palpable y es que un base bueno pero con lagunas demasiado definidas ve ampliadas sus carencias si no hay un segundo play-maker de garantías en el banco. Es un jugón pero no mueve bien en estático, no tiene capacidad de anotación exterior, se precipita en momentos calientes... Calderón, te hemos echado demasiado de menos.
Aún así, con Llull (por fin le ha puesto hoy de 1, para eso se llevó sólo dos bases al mundial) aportando en defensa y con diversas trampas para ensombrecer o esconder la falta de aportación de Marc (tampoco se ha buscado el juego interior, en defensa de Marc), España se ha mantenido en partido acertando en ataque, pero lo ha perdido en defensa. El primer tiempo (49 puntos Serbia) ha sido de lo más tibio por dentro y por fuera siempre había uno sólo (el acierto de Garbajosa en ataque tiene como contrapunto su mala defensa hoy). Podría hablar horrores de la facilidad con la que anotaron en el primer tiempo, de los fallos en el 2 para 2 desde el frontal -ha sucedido durante todo el mundial-, de la falta de intensidad en el 1x1, de manos abajo en los triples, de llegar tarde o de pasar por detrás en el bloqueo. 49-41, demasiadas concesiones.
En el segundo tiempo hemos empezado más duro, con una defensa individual mucho más cercana que nos ha permitido acercarnos a Serbia. Acercarnos, porque íbamos a remolque, algo que no debería haber pasado y que, lamentablemente, se ha repetido en el último cuarto. No sé si es que creíamos que ya estaba lo más complicado hecho o que hemos pagado el esfuerzo, pero hemos empezado el último periodo menos duros.
Y por si fuera poco, Scariolo ha querido repetir la estrategia que tan buenos resultados nos dio ante Grecia pero sin darnos cuenta de que delante estaba la Serbia de Velickovic, Bjelica, Savanovic y Teodosic. La zona 2-3 nos ha matado. Por un momento nos ha metido en partido (1 de 7 el héroe del partido hasta la jugada decisiva) pero, excediéndonos en su uso, nos ha vueltoa poner por detrás y nos ha obligado de nuevo a remontar una diferencia entre 6 y 8 puntos que, con esta Serbia, es un mundo. Aún así, Navarro y Rudy nos han vuelto a meter en partido y hemos tenido opciones de llegar a ganar el choque tras triplazo del capi, buena defensa y una gran jugada de bloqueo y continuación entre Navarro y Marc. Pero claro, esa es la calidad individual de nuestros jugadores, donde el banquillo no habla, no decide. A partir de ahí, llega el momento de tomar las decisiones desde el frío azul, desde la pizarra y, como ya hemos comprobado varias veces (Turquía, Eslovenia, Estados Unidos, Lituania y, ahora, Serbia) con últimas posesiones igualadas, Scariolo se equivoca y la pizarra se emborrona.
Con 25 segundos por delante, con Serbia en unos porcentajes espectaculares en tiro (llevaba 14 de 29 en triples, por mucho que Teodosic no estuviera tan fino) y con jugadores claramente de mano caliente, creo que lo más conveniente era jugar a incrementar el número de posesiones o, al menos, tener la bola para ganar el partido, no tener la defensa para -como mucho- empatarlo. Esa opción me parece acertada con el tiempo más agotado pero ¿a 25 segundos? Se me ocurren -como poco- hasta 4 posesiones en ese tiempo y que ellos -equipo joven, 22 años de media- noten la presión de la soledad en el 4.60 y, con un poco de suerte, uno de sus ataques sea para remontar y a vida o muerte, no a victoria, a gloria o prórroga. Scariolo optó el camino corto, el del miedo, y defendió o, lo que es lo mismo ¡Jugó a empatar con 25 segundos por delante! (No comparar a elegir defensa en las semifinales del Mundobasket de Japón contra Argentina o en el Europeo de Madrid en la final contra Rusia, ahí defendíamos ventaja. Si fallaban -Argentina falló- ganábamos. Si anotaban -Rusia metió- teníamos bola para ganar)
Dicho esto, Scariolo decide prórroga. Llull con Teodosic y, tras bloqueo, Garbajosa con el base serbio. ¿Buena defensa?, quizá sí (lo he visto después, y no es buena defensa), pero es Teodosic (podríamos haber optado por un 2x1) y ahí aparece la clase de uno de los hombres llamados a escribir su nombre con letras de oro en el mundial. Y la T ya la ha puesto, bueno, yo creo que ha escrito Teo. Por cierto, en el Eurobasket de 2005 pasó lo mismo, también con Garbajosa defendiendo en ese caso a Nowitzki.
Esta vez ha sido Teodosic. Desde casi 9 metros se ha inventado un triple. Sí, triplazo imprevisible, pero evitable a tenor de lo anteriormente contado (mala defensa en zona que obliga a remontar, jugar a empatar en vez de a ganar, confiar en el error de una selección que supera el 40% en triples,...). Aún así, 3 segundos para buscar aquello que 22 segundos antes habíamos firmado (si juegas a empatar, pierdes). Tiempo muerto para marcar y elegir jugada y ahí, los miedos, los fantasmas, los errores y la decisión del elemento sorpresa (que se la juegue Llull, pensaría irónicamente Marc). Con 3 segundos por delante, sólo 3 segundos, y la imperiosa necesidad de anotar un triple, el balón lo pone en juego el que debe lanzar el triple (Navarro). Es decir, renunciamos seguro a un foco de atención para la defensa balcánica y, como poco, a 1 segundo de nuestra escasa posesión -si le devuelven el balón- o elegimos que se la juegue otro.
El elegido, por la forma de mover el balón, es GARBAJOSA. Que tiene buena mano, nadie lo va a dudar pero, ¿qué es el hombre más indicado para levantar el balón, armar el brazo y lanzar a canasta con 3 tíos defendiéndole? Déjame pensar... No me hace falta pensar... MAL, Scariolo, MAL. Sólo observa una vez la jugada y aprecia como el de Torrejón no es capaz ni de tirar a canasta.
Derrota merecida de España o victoria justa de Serbia, no sé como calificarlo, sólo sé que estoy enfadado. Quizá en esa jugada Garbajosa debía haber puesto el balón en juego -yo hubiera elegido a Ricki-, haber bloqueado para librar a Navarro, haber recibido el balón arriba para luego asistir a Navarro. Quizá debería esperar en la esquina para una opción de tiro en el caso de que Navarro (primera opción) o Rudy (segunda oportunidad) no tuvieran posibilidad de tiro, pero jamás debe ser él el que reciba para buscar la canasta. Creo que las imágenes me dan la razón. Creo que todo el partido me da la razón a lo que escribí hace un año cuando pedí que se fuera aunque ganase el Eurobasket (la diferencia, Pau por Marc) o cuando describí lo que ocurrió en el partido contra Estados Unidos (por cierto, fue él quien mandó tirar a 8segundos del final tras un tiempo muerto de dudas y órdenes precipitadas).
Hemos perdido, aspiramos sólo a ser quintos. Estoy realmente enfadado. Adiós Scariolo.
lunes, 23 de agosto de 2010
Yo estuve allí
Pasó el 22 de agosto, uno de esos días marcados en rojo desde hace meses, una de esas grandes citas, inevitables para un personaje cada vez más loco por el baloncesto, cada vez más atrapado por la magia del deporte y por los ambientes rojizos. Pasó el 22 de agosto y lo disfrutamos -muchas gracias, Mario-, aunque la Caja Mágica esté diseñado para los VIP´s y al resto de humanos nos quede lejos el aro. Pasó el 22 de agosto, entre desayunos de un moderno hotel con vistas a un mercado, a un polígono. Entre compras, caminatas por calles cubiertas, costillares y malas señas del Tom-Tom.
Pasó el 22 de agosto y lo vivimos, y chillamos, y pedimos pasos y abucheamos, como otras 10 mil gargantas, el ego, la prepotencia y la chulería. No, no hablo de la selección de Estados Unidos, hablo de Cristiano Ronaldo. Pasó el 22 de agosto y, ahora, ya sólo lo recordamos. Y con el recuerdo, la pena de que ya es tiempo pasado, la tristeza por la lesión de Calderón, la hiel en los labios por la derrota, la furia en los ojos por haber sabido jugarlo.
Pasó el 22 de agosto y con él, el partido de baloncesto por excelencia. Tras un aperitivo insípido, llegó el gran día y, junto al 22 de agosto, un España - Estados Unidos de muchas lecturas. La positiva, que haciendo un mal partido, con Rudy, Garbajosa y Gasol muy lejos de su mejor versión, estuvimos a punto de ganar a los americanos. La negativa, la lesión de Calderón, imprescindible en un final como el de ayer. No estaba bien el paisano, pero se le echó en falta en el último minuto. Recuerdo 3 finales apretados con Scariolo y ninguno lo ganamos.
Pasó el 22 de agosto y no pasó como lo imaginamos. Con la misma impresión que produce en nuestros sentidos la grandeza de un brutal escenario, de un inmenso rugir, España salió aletargada, dormida, ansiosa, nerviosa, cegada por los flashes que retrataban el histórico momento tan deseado. Mala selección de tiro en ataque, incapacidad de correr la transición en defensa. A remolque, sin pívots referencia, sin nadie que ejerciera el liderazgo. Nos costó. Fue la rabia de Ricky, esa chispa que aporta en defensa la que nos alegró. Su nervio me enerva en esos ataques imposibles que, si salen, son geniales pero que, en partidos como el de ayer, incrementan el número de errores permitidos en momentos determinados. Pero es genio y figura, y su genio sacó el de Navarro; así España, sin defender nada, se mantuvo viva. Entre tanto, Reyes -colosal- hacía el trabajo que no le salía a Garbajosa y la grada buscaba a Gasol, a Pau, mientras Marc se veía superado en la pintura (2-8 en el primer tiempo en tiros de 2, sin capacidad reboteadora ni de intimidación).
Acaba el primer tiempo entre muecas de desaprobación y hocicos arrugados. Entre tanto, Scariolo seguía con sus pruebas: 2 quintetos en 8 minutos y Claver de 4.
La segunda parte fue distinta. España salió con el mejor 5 que había tenido en la primera parte: Ricky por Calde, Reyes por Garbajosa. El rival era Estados Unidos, las probaturas habían acabado. Y España mejoró. Mejor selección de tiro, más intensidad defensiva, más lucha, más garra. Más España. USA no encontraba tantos espacios y el juego español comenzaba a brotar, piano piano. Sólo un mal final de periodo, con 3 pérdidas y contragolpes -precedidos de pasos- nos volvieron a poner contra las cuerdas. Pero esto era un lapsus.
España volvió a demostrar, en este 22 de agosto, que puede ganar a Estados Unidos sin Pau Gasol y con los elementos en contra. Aunque la FIBA ya no sepan lo que son pasos, aunque las protestas cambien el rasero de las faltas de ataque, aunque nuestro base NBA se quede en el sitio, España tiene capacidad para reaccionar y remontar a los USA. Y todo parecía en contra porque, cuando mejor lucía la bandera extremeña, llegó el pinchazo. El gesto rápido, la petición de cambio y la carrera andando, cabizbajo, a vestuarios. El mundial para él se había acabado. Continuaba otra fiesta
Allí, entre olas, aplausos y cánticos, la noche se acercó a ser mágica y en este fin de semana en el que los ricos hacen caja, los sueños se tocan, aunque no lleguen a cumplirse. Y no se cumplen, por la misma razón por la que son posibles: por el nervio y la rabia de España. Rubio, que ya había dado muestras de su talento y su exagerada osadía, debe frenar su genio.
El último minuto demostró que la lesión de Calderón no sólo me apena, también me preocupa. La baja del 8 puede ser preocupante si Raúl López no da el nivel, si Rubio no calma su nervio. No sé si la última jugada la eligió él (espero que sí, sería más preocupante que hubiera sido diseñada así desde el banquilló), pero sí creo saber que no fue una decisión acertada. A una canasta de la victoria, tras un partido tan duro, una zona 2-3 no debe propiciar precipitación tal como la vista este 22 de agosto que ya pasó. Mala selección de tiro (triple desequilibrado), en mal momento (faltaban aún 8 segundos de posesión y de partido) y peor resolución posterior. Con aún 5 segundos por delante, pase forzado de espaldas que impide un tiro rápido y cómodo. Derrota.
Pasó el 22 de agosto y con él la oportunidad de ganar a Estados Unidos. Llegará otra, esperemos que lo más tarde posible, el 12 de septiembre, y tenemos que aprender y más ahora que no tenemos al jugador ideal para ese tiempo de situaciones. Calderón se ha lesionado y, visto lo visto ayer, me preocupa, ¿será capaz Ricky de tener la paciencia necesaria para los finales apretados? Visto lo visto ayer puedo estar preocupado pero, visto lo visto ayer y esperando siempre lo mejor de cada uno, soy hoy más optimista que el 21 de agosto.
Pasó el 22 de agosto, el tiempo de recreo, de canastas, de carcajadas a la orilla del mar, de vernos despertar juntos y descalzos, sin prisas. Pasó la feria, la calle Larios, la sandwichera, el olor a sal, la biznaga, la salida 23, la aduana y el barrio de San Fermín. Pasó el verano, o casi, pero llegarán veranos nuevos, otros meses soleados y, entre esas nubes y esos rayos, seguro que ganamos.
Pasó el 22 de agosto y lo vivimos, y chillamos, y pedimos pasos y abucheamos, como otras 10 mil gargantas, el ego, la prepotencia y la chulería. No, no hablo de la selección de Estados Unidos, hablo de Cristiano Ronaldo. Pasó el 22 de agosto y, ahora, ya sólo lo recordamos. Y con el recuerdo, la pena de que ya es tiempo pasado, la tristeza por la lesión de Calderón, la hiel en los labios por la derrota, la furia en los ojos por haber sabido jugarlo.
Pasó el 22 de agosto y con él, el partido de baloncesto por excelencia. Tras un aperitivo insípido, llegó el gran día y, junto al 22 de agosto, un España - Estados Unidos de muchas lecturas. La positiva, que haciendo un mal partido, con Rudy, Garbajosa y Gasol muy lejos de su mejor versión, estuvimos a punto de ganar a los americanos. La negativa, la lesión de Calderón, imprescindible en un final como el de ayer. No estaba bien el paisano, pero se le echó en falta en el último minuto. Recuerdo 3 finales apretados con Scariolo y ninguno lo ganamos.
Pasó el 22 de agosto y no pasó como lo imaginamos. Con la misma impresión que produce en nuestros sentidos la grandeza de un brutal escenario, de un inmenso rugir, España salió aletargada, dormida, ansiosa, nerviosa, cegada por los flashes que retrataban el histórico momento tan deseado. Mala selección de tiro en ataque, incapacidad de correr la transición en defensa. A remolque, sin pívots referencia, sin nadie que ejerciera el liderazgo. Nos costó. Fue la rabia de Ricky, esa chispa que aporta en defensa la que nos alegró. Su nervio me enerva en esos ataques imposibles que, si salen, son geniales pero que, en partidos como el de ayer, incrementan el número de errores permitidos en momentos determinados. Pero es genio y figura, y su genio sacó el de Navarro; así España, sin defender nada, se mantuvo viva. Entre tanto, Reyes -colosal- hacía el trabajo que no le salía a Garbajosa y la grada buscaba a Gasol, a Pau, mientras Marc se veía superado en la pintura (2-8 en el primer tiempo en tiros de 2, sin capacidad reboteadora ni de intimidación).
Acaba el primer tiempo entre muecas de desaprobación y hocicos arrugados. Entre tanto, Scariolo seguía con sus pruebas: 2 quintetos en 8 minutos y Claver de 4.
La segunda parte fue distinta. España salió con el mejor 5 que había tenido en la primera parte: Ricky por Calde, Reyes por Garbajosa. El rival era Estados Unidos, las probaturas habían acabado. Y España mejoró. Mejor selección de tiro, más intensidad defensiva, más lucha, más garra. Más España. USA no encontraba tantos espacios y el juego español comenzaba a brotar, piano piano. Sólo un mal final de periodo, con 3 pérdidas y contragolpes -precedidos de pasos- nos volvieron a poner contra las cuerdas. Pero esto era un lapsus.
España volvió a demostrar, en este 22 de agosto, que puede ganar a Estados Unidos sin Pau Gasol y con los elementos en contra. Aunque la FIBA ya no sepan lo que son pasos, aunque las protestas cambien el rasero de las faltas de ataque, aunque nuestro base NBA se quede en el sitio, España tiene capacidad para reaccionar y remontar a los USA. Y todo parecía en contra porque, cuando mejor lucía la bandera extremeña, llegó el pinchazo. El gesto rápido, la petición de cambio y la carrera andando, cabizbajo, a vestuarios. El mundial para él se había acabado. Continuaba otra fiesta
Allí, entre olas, aplausos y cánticos, la noche se acercó a ser mágica y en este fin de semana en el que los ricos hacen caja, los sueños se tocan, aunque no lleguen a cumplirse. Y no se cumplen, por la misma razón por la que son posibles: por el nervio y la rabia de España. Rubio, que ya había dado muestras de su talento y su exagerada osadía, debe frenar su genio.
El último minuto demostró que la lesión de Calderón no sólo me apena, también me preocupa. La baja del 8 puede ser preocupante si Raúl López no da el nivel, si Rubio no calma su nervio. No sé si la última jugada la eligió él (espero que sí, sería más preocupante que hubiera sido diseñada así desde el banquilló), pero sí creo saber que no fue una decisión acertada. A una canasta de la victoria, tras un partido tan duro, una zona 2-3 no debe propiciar precipitación tal como la vista este 22 de agosto que ya pasó. Mala selección de tiro (triple desequilibrado), en mal momento (faltaban aún 8 segundos de posesión y de partido) y peor resolución posterior. Con aún 5 segundos por delante, pase forzado de espaldas que impide un tiro rápido y cómodo. Derrota.
Pasó el 22 de agosto y con él la oportunidad de ganar a Estados Unidos. Llegará otra, esperemos que lo más tarde posible, el 12 de septiembre, y tenemos que aprender y más ahora que no tenemos al jugador ideal para ese tiempo de situaciones. Calderón se ha lesionado y, visto lo visto ayer, me preocupa, ¿será capaz Ricky de tener la paciencia necesaria para los finales apretados? Visto lo visto ayer puedo estar preocupado pero, visto lo visto ayer y esperando siempre lo mejor de cada uno, soy hoy más optimista que el 21 de agosto.
Pasó el 22 de agosto, el tiempo de recreo, de canastas, de carcajadas a la orilla del mar, de vernos despertar juntos y descalzos, sin prisas. Pasó la feria, la calle Larios, la sandwichera, el olor a sal, la biznaga, la salida 23, la aduana y el barrio de San Fermín. Pasó el verano, o casi, pero llegarán veranos nuevos, otros meses soleados y, entre esas nubes y esos rayos, seguro que ganamos.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Numeritos
Son las 14.53 de un 11-8-10 aburrido y caluroso. Acabo de entrar en el blog de José (me gusta leer a José, pero hacerlo un día libre de agosto es mala señal) y ya me dan vuelta los números en la cabeza, de hecho me pregunto si significa algo ser su lector 174.389.
Iba a contestarle a su entrada, la 28 (anda, los años que tengo) de este año, pero como sería el comentario 17 (número primo) y más que un primo lo veo como un hermano, prefiero hacer una entrada (la 36 del año, la segunda del mes. Me preocupa que yo, con 289 seguidores menos que él haya escrito 8 veces más este año).
Coincido con José en que me gustan los números capicúas, algunas matrículas concretas-o las grandes cifras redondas en los cuentakilómetros- pero he de defender al 3 y al 8 (Piqué y Xavi con España), esos números rosas y amarillos que no le gustan pero que son el favorito de Patricia (Piqué) y el mío (Xavi). De hecho, siempre quise jugar con el 8. El 8 era el de Míchel, el de Stoichkov, el del gran Valery Karpin del Celta, el de José Calderón. Pocas veces llevé el 8, el 6 me perseguía más rápido de lo que subía la banda derecha. Luego, en fútbol sala, el 4 se acomodó en mi espalda. Le tego cariño al 4, detesto el 6 y me gustan los números primos como el 17 o el 19. Me gusta el 2008, ese fue mi año: me saqué la plaza en Canal Extremadura Radio el 17 de enero, le pedí matrimonio a Patricia, me dijo que sí el 15 de abril. El 29 de mayo nos compramos el piso en el que vivimos, de 113 metros cuadrados. Entramos a vivir el 17 de julio. 3 días después, retransmití un España - Rusia de baloncesto en el Multiusos de Cáceres.
No veo colores en los número, pero sí escucho música. La canción 8 de cada disco me suele gustar, de hecho, espero ansioso a la canción 8 de cada disco (Minneapolis y Vivo del Aire en el Desván del Duende) y si no me gustan, me decepciones y si me encantan (Mis condiciones pajareras, de Los Delinquüentes) digo: "ves, la 8", aunque después la olvide. La primera canción que mordió mi instinto revolucionario y abrió mi mente política fue 1,2,3,4 de Javier Álvarez. La primera que escuché de Ismael Serrano con cierta atención fue "Tierna y dulce historia de amor", la 8 de su segundo disco. Algunos dicen que el mejor, yo no lo creo. Es más, si cuentas los discos editados (incluyendo El viaje de Rosetta, recopilación por sus 10 años de música), mi favorito es el octavo (Sueños de un hombre despierto). El siguiente disco que más me gusta, La Traición de Wendy, tiene en su canción 8, Prende la Luz, mi canción favorita. Aunque si tengo que elegir, siempre me quedaré con Pequeña Criatura, la número 13 (otro número primo) ¡Ah! Y si veo un 2 recuerdo esa canción del día "Locos, locos por el 2, locos por el 2".
El otro día estuvimos buscando fotos para hacer el vídeo de mi boda (12 meses y 15 días después por fin empezamos) y me dí cuenta de que las fotos que más abundan son las del 2005, año en el que conocí a José, en el que se casó Javi, en el que nació la Linterna Mágica, con la que hicimos 13 programas entre 3 amigos locos que aún soñamos con Cien mil películas como Habana Blues. He visto 3 veces la película, y me quedan otras cuantas veces por revisarla y, probablemente, echar una o dos lágrimas.
Los números me atrapan, aunque soy de letras pero, precisamente, dejé las matemáticas cuando los números cambiaron y se convirtieron en "x", "y" o "z". Buff, que lío, compañero. Salvo casos extraños, me acuerdo de todas las fechas, el problema es que no sé bien el día en el que vivo. Hoy es 11, ¿verdad? Como digo, suelo recordar las fechas, aunque hay algunas que las confundo. La de José me baila, de forma rara, como él se mueve. La fecha se difumina entre el 6 y el 7 de junio. Es el 7, ¿verdad? A quíen se le ocurre nacer en plenas ferias de Plasencia, aunque eso sirve para no olvidarme del cumpleaños de mi primo rubén. Con mi cuñada Raquel me pasa lo mismo (¿era el 21 o el 24 de marzo o quizá ninguna de esas 2?) y con Mario me ha costado acordarme que siempre nos bañábamos en su piscina el 24 de julio, y no un día antes.
Aún recuerdo la cifra exacta que les tocó a mis padres en la lotería primitiva en el 98: 5.123.938 pesetas por tener 5 y el complementario. Eso sí, no recuerdo bien ni las fechas (probablemente un 30 de mayo o así) ni qué números fueron, aunque sí me acuerdo que fue con la columna de las fechas de los cumpleaños: 9, 14,15,16,25 y 45. Creo recordar que el mío fue el complementario, pero no apostaría ni 1 duro por ello.
Tengo tal memoria para las cifras que suelo equivocarme poco a la hora de decir qué día ocurrió algo. La forma, asociándola a días importantes o señalados, a momentos determinados que, a veces sin saber por qué, se han quedado grabados en la memoria. Tal es así que, haciendo un pequeño esfuezo, podría recordar la fecha en la que hemos ido a las 3 casas rurales de invierno durante 5 años distintos. Solemos ir 12 personas a la casa rural, aunque el número varía, siempre oscila hacia arriba y habremos ido más de 23 personas distintas (incluidos niños) y 2 perros.
Recuerdo las matrículas de mis 3 coches: 1967, 1271 y 1462, aunque con los coches de los demás me fijo más en las letras y en las formas de los números que en el número exacto (sé que el de Rosi, antes de Mamen) tenía números redondeados (9 y 8).
No tengo ni idea de qué números tenía en el colegio o instituto. Siempre estaba en mitad de la lista y bailaban por ser Herrero, siempre detrás de unos cuantos Hernández, como Mario. Jamás he sido el número 1 en nada, tampoco lo pretendo, he sacado pocos dieces en mi vida (en la universidad, en Historia de los movimientos sociales). Eso sí, una vez -en 5º- tuve un 10.75 (valoraba sobre 11 el examen).
Las cifras, los números, cómo aparecen, cómo bailan en nuestra mente. Todo es interesante. Confiamos nuestra jubilación temprana, antes de 65 y se puede ser antes de los 40, a números determinados para jugar al bingo (en mis cartones siempre tienen que estar el 8 y/o el 25, 25 de febrero, 25 de diciembre y, por su puesto, 25 de julio), hacer la primitiva, la Euromillonaria o echar la Lotería del Gordo. La vida son números (¿habéis visto esa serie de La Sexta, Numbers?). Calzo un 42, aunque depende del modelo puedo llevar un 43. Mis pantalones oscilan. Siempre usé una 38, que según engordé se convirtió en la 40 pero que, con el nuevo tallaje, en casi todas las tiendas ha pasado a ser una 30, aunque en realidad ahora uso una 29 que, dependiendo de la marca puede ser una 28, es decir, lo que antes era mi 38 habitual. Esa uso antes del verano. Ahora, sólo quepo (y gracias) en una 29 y nunca, o casi nunca, miro el largo, que debe estar en un 32 para mí. Estos números no me gustan, el mío en este sentido es el 25 y me gustan las ofertas de 2x1 o 3x2 aunque ahora se lleva eso del segundo al 50%.
Son las 15.29 (ahora, las 16-06), estoy tardando 36 minutos (madre, más de una hora) en actualizar esta entrada que, involuntariamente, tendrá 11 párrafos (¿será el 8 mi favorito, será el cuarto, Jose?). Llevo tantos párrafos como años con Patricia, tantos como días llevamos de este caluroso mes de agosto en el que no bajamos de los 36 grados. Los números tienen algo, hasta el infinito que es un 8 tumbado. Todo lo que nos rodea va asociado a un número y, cuánto más grande, mejor ¿o tú no te alegras sí crece el número de comentarios? Bueno, lo dejo, que ya me duele la cabeza con tantos numeritos.
Iba a contestarle a su entrada, la 28 (anda, los años que tengo) de este año, pero como sería el comentario 17 (número primo) y más que un primo lo veo como un hermano, prefiero hacer una entrada (la 36 del año, la segunda del mes. Me preocupa que yo, con 289 seguidores menos que él haya escrito 8 veces más este año).
Coincido con José en que me gustan los números capicúas, algunas matrículas concretas-o las grandes cifras redondas en los cuentakilómetros- pero he de defender al 3 y al 8 (Piqué y Xavi con España), esos números rosas y amarillos que no le gustan pero que son el favorito de Patricia (Piqué) y el mío (Xavi). De hecho, siempre quise jugar con el 8. El 8 era el de Míchel, el de Stoichkov, el del gran Valery Karpin del Celta, el de José Calderón. Pocas veces llevé el 8, el 6 me perseguía más rápido de lo que subía la banda derecha. Luego, en fútbol sala, el 4 se acomodó en mi espalda. Le tego cariño al 4, detesto el 6 y me gustan los números primos como el 17 o el 19. Me gusta el 2008, ese fue mi año: me saqué la plaza en Canal Extremadura Radio el 17 de enero, le pedí matrimonio a Patricia, me dijo que sí el 15 de abril. El 29 de mayo nos compramos el piso en el que vivimos, de 113 metros cuadrados. Entramos a vivir el 17 de julio. 3 días después, retransmití un España - Rusia de baloncesto en el Multiusos de Cáceres.
No veo colores en los número, pero sí escucho música. La canción 8 de cada disco me suele gustar, de hecho, espero ansioso a la canción 8 de cada disco (Minneapolis y Vivo del Aire en el Desván del Duende) y si no me gustan, me decepciones y si me encantan (Mis condiciones pajareras, de Los Delinquüentes) digo: "ves, la 8", aunque después la olvide. La primera canción que mordió mi instinto revolucionario y abrió mi mente política fue 1,2,3,4 de Javier Álvarez. La primera que escuché de Ismael Serrano con cierta atención fue "Tierna y dulce historia de amor", la 8 de su segundo disco. Algunos dicen que el mejor, yo no lo creo. Es más, si cuentas los discos editados (incluyendo El viaje de Rosetta, recopilación por sus 10 años de música), mi favorito es el octavo (Sueños de un hombre despierto). El siguiente disco que más me gusta, La Traición de Wendy, tiene en su canción 8, Prende la Luz, mi canción favorita. Aunque si tengo que elegir, siempre me quedaré con Pequeña Criatura, la número 13 (otro número primo) ¡Ah! Y si veo un 2 recuerdo esa canción del día "Locos, locos por el 2, locos por el 2".
El otro día estuvimos buscando fotos para hacer el vídeo de mi boda (12 meses y 15 días después por fin empezamos) y me dí cuenta de que las fotos que más abundan son las del 2005, año en el que conocí a José, en el que se casó Javi, en el que nació la Linterna Mágica, con la que hicimos 13 programas entre 3 amigos locos que aún soñamos con Cien mil películas como Habana Blues. He visto 3 veces la película, y me quedan otras cuantas veces por revisarla y, probablemente, echar una o dos lágrimas.
Los números me atrapan, aunque soy de letras pero, precisamente, dejé las matemáticas cuando los números cambiaron y se convirtieron en "x", "y" o "z". Buff, que lío, compañero. Salvo casos extraños, me acuerdo de todas las fechas, el problema es que no sé bien el día en el que vivo. Hoy es 11, ¿verdad? Como digo, suelo recordar las fechas, aunque hay algunas que las confundo. La de José me baila, de forma rara, como él se mueve. La fecha se difumina entre el 6 y el 7 de junio. Es el 7, ¿verdad? A quíen se le ocurre nacer en plenas ferias de Plasencia, aunque eso sirve para no olvidarme del cumpleaños de mi primo rubén. Con mi cuñada Raquel me pasa lo mismo (¿era el 21 o el 24 de marzo o quizá ninguna de esas 2?) y con Mario me ha costado acordarme que siempre nos bañábamos en su piscina el 24 de julio, y no un día antes.
Aún recuerdo la cifra exacta que les tocó a mis padres en la lotería primitiva en el 98: 5.123.938 pesetas por tener 5 y el complementario. Eso sí, no recuerdo bien ni las fechas (probablemente un 30 de mayo o así) ni qué números fueron, aunque sí me acuerdo que fue con la columna de las fechas de los cumpleaños: 9, 14,15,16,25 y 45. Creo recordar que el mío fue el complementario, pero no apostaría ni 1 duro por ello.
Tengo tal memoria para las cifras que suelo equivocarme poco a la hora de decir qué día ocurrió algo. La forma, asociándola a días importantes o señalados, a momentos determinados que, a veces sin saber por qué, se han quedado grabados en la memoria. Tal es así que, haciendo un pequeño esfuezo, podría recordar la fecha en la que hemos ido a las 3 casas rurales de invierno durante 5 años distintos. Solemos ir 12 personas a la casa rural, aunque el número varía, siempre oscila hacia arriba y habremos ido más de 23 personas distintas (incluidos niños) y 2 perros.
Recuerdo las matrículas de mis 3 coches: 1967, 1271 y 1462, aunque con los coches de los demás me fijo más en las letras y en las formas de los números que en el número exacto (sé que el de Rosi, antes de Mamen) tenía números redondeados (9 y 8).
No tengo ni idea de qué números tenía en el colegio o instituto. Siempre estaba en mitad de la lista y bailaban por ser Herrero, siempre detrás de unos cuantos Hernández, como Mario. Jamás he sido el número 1 en nada, tampoco lo pretendo, he sacado pocos dieces en mi vida (en la universidad, en Historia de los movimientos sociales). Eso sí, una vez -en 5º- tuve un 10.75 (valoraba sobre 11 el examen).
Las cifras, los números, cómo aparecen, cómo bailan en nuestra mente. Todo es interesante. Confiamos nuestra jubilación temprana, antes de 65 y se puede ser antes de los 40, a números determinados para jugar al bingo (en mis cartones siempre tienen que estar el 8 y/o el 25, 25 de febrero, 25 de diciembre y, por su puesto, 25 de julio), hacer la primitiva, la Euromillonaria o echar la Lotería del Gordo. La vida son números (¿habéis visto esa serie de La Sexta, Numbers?). Calzo un 42, aunque depende del modelo puedo llevar un 43. Mis pantalones oscilan. Siempre usé una 38, que según engordé se convirtió en la 40 pero que, con el nuevo tallaje, en casi todas las tiendas ha pasado a ser una 30, aunque en realidad ahora uso una 29 que, dependiendo de la marca puede ser una 28, es decir, lo que antes era mi 38 habitual. Esa uso antes del verano. Ahora, sólo quepo (y gracias) en una 29 y nunca, o casi nunca, miro el largo, que debe estar en un 32 para mí. Estos números no me gustan, el mío en este sentido es el 25 y me gustan las ofertas de 2x1 o 3x2 aunque ahora se lleva eso del segundo al 50%.
Son las 15.29 (ahora, las 16-06), estoy tardando 36 minutos (madre, más de una hora) en actualizar esta entrada que, involuntariamente, tendrá 11 párrafos (¿será el 8 mi favorito, será el cuarto, Jose?). Llevo tantos párrafos como años con Patricia, tantos como días llevamos de este caluroso mes de agosto en el que no bajamos de los 36 grados. Los números tienen algo, hasta el infinito que es un 8 tumbado. Todo lo que nos rodea va asociado a un número y, cuánto más grande, mejor ¿o tú no te alegras sí crece el número de comentarios? Bueno, lo dejo, que ya me duele la cabeza con tantos numeritos.
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