Qué decir cuando no hay palabras
Y el silencio habla.
Cómo estar cuando estás ausente.
Cómo no llorar si el dolor te estrangula
Y el corazón calla.
Cómo decirte lo mucho que lo siento
Lo mucho que te quiero.
domingo, 19 de junio de 2016
domingo, 15 de mayo de 2016
Egocentrismo
Como hijo, pensaba en esforzarme para que mi madre y mi padre se sintieran orgullosos de mí.
Ahora que soy padre, me doy cuenta de que lo importante era que se sintieran orgullosos de sí mismos.
Ahora que soy padre, me doy cuenta de que lo importante era que se sintieran orgullosos de sí mismos.
martes, 19 de abril de 2016
Refugio
Tu cama es mi escondite favorito. Allí no hay sombras, nunca entran mis fantasmas.
Tu carcajada es el arma contra mis enemigos. Tu risa dispara mi alegría, mata mis miedos y venganzas.
Me escondería por siempre bajo tu colcha. Todo el mundo sabe que los malos esperan fuera.
Tu carcajada es el arma contra mis enemigos. Tu risa dispara mi alegría, mata mis miedos y venganzas.
Me escondería por siempre bajo tu colcha. Todo el mundo sabe que los malos esperan fuera.
lunes, 14 de marzo de 2016
La costumbre de amarte
Te engañé
siempre.
Bebí de otros labios, me emborraché
de carmines más rojos que el tuyo, respiré como éter el sexo de
mujeres que me recordaban a ti. Te quería, pero siempre en otros
cuerpos.
Y es ahora, que soy solo tuyo; que cada
noche apoyo mi cabeza en tu pecho como quien deja el abrigo en la
máquina de tabaco; que tu oleaje me arrastra suave como a un trozo
de madera; que finjo ser la roca que resiste impasible la caricia (y
erosión) del mar; es ahora, que te amo por costumbre, cuando más
infiel me siento.
viernes, 11 de marzo de 2016
35
La casa está vacía, suenan las paredes, sus grietas. Se resquebraja la cama sin la arruga de tu sábana.
A veces oigo el eco de tus pasos. No estás, es sólo eco, el recuerdo de algo que ocurrió, que retumba en mi cabeza, que anida como pájaros, que se espantan al oír tu carcajada. Es recuerdo, me estremece y me hace sonreír, me duele y alivia, me hiere y me sana al mismo tiempo,
Lloro a menudo, o suspiro creyendo llorar, queriendo llorar.
La casa no es la misma sin tu aroma, sin tu luz, sin tu regañina.
Todo huele a silencio, a un silencio áspero, inaplazable.
Camino a oscuras, he aprendido a moverme así, a no tropezar; mis ojos se han acostumbrado a la penumbra sin ti, pero todo es más lento, es inevitable caminar más despacio cuando la luz es una ilusión, eco.
Ya no sé si recuerdo o preveo. Sueño despertar contigo y no sé si es deseo o pretérito. Tal vez sea todo, eco y alarma de ti, del tiempo robado, de arena desparramada, de lodo en las manos, de arcilla en mis párpados, de frío.
Hoy te veré, con los ojos abiertos te veré.
Soplaremos velas y te veré mejor.
Callaremos y te oiré mejor.
Te miraré, contaré hasta 10, hasta 35 mientras me embriago de tu perfume de mujer. Tu olor eriza mi piel, mi mente viaja por tu aroma como lo hacen tus manos por mi cuerpo.
Suave, delicado, con amor.
Lo pienso, lo planeo, lo espero ¿lo recuerdo?
Te echo de menos
domingo, 14 de febrero de 2016
Crujen los pasos en mi cabeza. Grita la madera en el silencio de la noche. El viento azota la hoja perenne. No hace falta acercarse a la ladera para escuchar el latido de la montaña.
Hay un silencio ensordecedor que muere con la música sin partitura de un cencerro. Se escucha la lluvia acariciando lana. Duermes.
Afuera huele a sombra de pan, a vapor de harina, a la historia de un pueblo carcomido, hambriento de hogazas, con un pasado de esplendor eclipsado por un muro de agua. Enmudecen las piedras entre gritos, se arruga la roca como la piel, tan seca y áspera como la arena que labran manos de ayer, como el corcho de encima, como el óxido que embellece el tronco de un edificio disfrazado.
Cuántas lágrimas encerraron sus paredes, cuántos balidos por un camastro, por una manta, por una lumbre que hiciera crepitar sus corazones.
Cuánto sabrán las montañas que sólo repitieron lo que contaron, que guardan y callan lo que callaron.
Hay un silencio ensordecedor que muere con la música sin partitura de un cencerro. Se escucha la lluvia acariciando lana. Duermes.
Afuera huele a sombra de pan, a vapor de harina, a la historia de un pueblo carcomido, hambriento de hogazas, con un pasado de esplendor eclipsado por un muro de agua. Enmudecen las piedras entre gritos, se arruga la roca como la piel, tan seca y áspera como la arena que labran manos de ayer, como el corcho de encima, como el óxido que embellece el tronco de un edificio disfrazado.
Cuántas lágrimas encerraron sus paredes, cuántos balidos por un camastro, por una manta, por una lumbre que hiciera crepitar sus corazones.
Cuánto sabrán las montañas que sólo repitieron lo que contaron, que guardan y callan lo que callaron.
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