No hay nada que me haga estar mejor que la paz que sienten al dormir a mi lado.
Se me olvida todo.
La rabia, el hambre, los naufragios.
La pena, las muertes, la ira, los acantilados.
El dolor, la violencia, los llantos.
Todo calla.
Me dan más paz de la que he entregado.
lunes, 31 de diciembre de 2018
sábado, 29 de diciembre de 2018
jueves, 27 de diciembre de 2018
Adiós 2018
Termina 2018, un año intenso, emocionante y emotivo, en el que orden y caos han convivido y simpatizado.
Ha sido un año frenético, repleto de ideas y contradicciones, con una pausa fundamental en lo laboral tras horas y horas de la mejor radio que sé hacer. El año ha ido tan rápido y con tanto caos ordenado como esa media hora en la que acabó la temporada de fútbol y pasamos de euforias a llantos en una tarde de mayo. Cada día de 2018 ha sido así, una vorágine de sensaciones y de decisiones.
2018 ha sido el año del 8M, y todo lo que quisimos contar en esa fecha; el año de las goteras del Multiusos y de cómo hacer un programa gracias a la amistad y la confianza; el año de retos y coberturas extraordinarias como el Campeonato de España de campo a través o la fase final por el ascenso a la primera nacional de hockey. Y es que todo el deporte tiene cabida, sólo hace falta querer. Gracias a Charo por creer y querer. Y por seguir creyendo yendo a contracorriente.
2018 ha sido un año feliz, pese a todas mis tristezas. Ha sido un año en el que he encontrado la Paz entre guerras y batallas.
Y, en el deporte, 2018 ha sido un año especial para Extremadura que ha acabado con la clasificación del AlQazeres a la Copa y que ha tenido como momento cumbre: el oro de Alvaro Martín Uriol en los 20km marcha del Campeonato de Europa. No sé si recuerdo más su carrera y entrada en meta, su abrazo fugaz y eterno con Sánchez Puebla al saberse campeón o la cordura de sus palabras a Juanje nada más salir del control antidopping y coger el teléfono de las manos de su madre. La radio sigue transmitiendo unas emociones que ningún otro medio consigue hacer sentir.
Me satisface especialmente el oro de Álvaro Martín Uriol. Son muchos años viviendo y contando sus victorias. Tras su puesto de finalista en el mundial, tras una clara carrera ascendente desde que debutara en los JJOO de Londres en 2012, tras una lesión y un cambio de entrenador, ha logrado su mayor éxito y reconocimiento y no se pone límites para el próximo Mundial y los JJOO de Tokyo.
Pero no ha sido el único en triunfar. Junto a Martín Uriol, dos jóvenes mujeres han rozado la cima: la almendralejense Marta García Lozano ha ido acumulando medallas con la selección absoluta de kárate hasta coronar 2018 con la plata mundial en kata en Madrid. Un flipe. Japón fue la única selección capaz de vencer al equipo español. Y también Japón fue quien privó a Carmen Menayo y a la selección sub20 de ganar el oro en el Mundial Femenino de Fútbol. Menayo es una de las cabezas más reconocibles de una generación llamada a repetir éxitos en el futuro y que ya ha cambiado buena parte de la agenda informativa y de la forma de informar en España. Pero es que, además, Menayo ha vuelto a proclamarse campeona de Liga con el Atleti, ha dado un paso más en la evolución colchonera en la Champions y no olvidará las lágrimas en el Estadio Romano de Mérida tras perder la final de Copa en la prórroga contra el Barça ante más de 10000 personas en la grada. Más de 10000 personas, que no lo olviden quienes no quisieron estar.
El otro gran hito histórico de nuestro fútbol este año ha sido el ascenso del Extremadura a segunda división, lo que hace que cada quince días Almendralejo disfrute de una aunténtica fiesta con el fútbol profesional. A veces me parece escuchar la voz de Juan, los ecos de aquel gol que, sin saberlo entonces, significó el ascenso.
La nota triste fue el descenso del Santa Teresa y la presunta vinculación de tres de sus jugadoras emblema, de jugadoras que nos aprendimos de memoria en el once con Fenry y Micky, de la presunta vinculación de capitanas con las apuestas ilegales y el amaño de partidos. La investigación ha dejado nombres propios como el de Iván Moreno o Emilio Pinto que han tenido que estar en prisión preventiva por los indicios que apuntan a su participación. Veremos en que acaba todo (si es que acaba en 2019).
Pero volvamos a lo bueno, que es mucho y variado.
2018 ha sido el año de Guillermo Gracia. Si en 2017 explotó su talento con récords de España, en 2018 ha dado el salto definitivo vistiéndose de oros en el Europeo de París. Y amenaza con más.
Lo mismo sucede con Miriam Casillas que, tras un año casi en blanco por las lesiones tras su participación en los JJOO, ha vuelto desde EEUU en mejor forma que nunca conquistando victorias y medallas en Copas de Europa y del Mundo. Ojo a las dos temporadas que le quedan a la pacense en este ciclo olímpico.
Me atrevería a decir lo mismo con Isabel Yinghua Hernández, que volvió a lograr metal en el 4x100 estilos del Europeo y que sigue pulverizando sus propios récords (y me consta que lo hizo en difíciles condiciones).
Hablando de la piscina, la natación nos ha devuelto al mejor César Castro (con récord de España incluído), ha hecho debutar en un Europeo a Julia Benito y nos promete un futuro halagüeño con la reinventada Paloma Marrero, con Estela González, con el ya habitual Miguel Durán y con el regreso de Enrique Floriano, que se quedó a centésimas de ir al Europeo ¿Tokyo 2020?
Luego están quienes nunca fallan, quienes tienen el éxito por costumbre y, quizá por eso, sus logros no aparecen entre las grandes gestas del año pese a serlo: Juan Bautista Pérez (bronce en el Europeo); Kini Carrasco, que ha hecho colección de medallas en este 2018 y en tiempo récord; Loida Zabala, que conquista todos los lados del charco y competiciones en las que compiten gente con o sin discapacidad, como fue el bronce en el Europeo de powerlifting; Alba Sánchez, una habitual de la selección española de voley que ya tiene su primer título con el Logrño; Jesús Gil Manzano y Esperanza Mendoza, que han llevado el arbitraje de Extremadura a la élite europea o los arqueros Antonio Fernández y Víctor Canalejas o la arquera Elena Rodríguez. En los 3 casos, este año han estado con la selección a las distintas comoeticiones. Ha sido el debut de Canalejas, el retorno de Rodríguez y un paso más para "Yiyo" con su bronce en Tarragona.
Y no hay que olvidarse tampoco de Sonia Bejarano, Tania Carretero, que por fin fue convocada a un Europeo con el 10000 y ya tiene todas las internacionalidades que se puedan imaginar, Tere Urbina y Houssane Bennabou, campeones de España de media maratón e internacionales con España en el Mundial. Urbina repitió con la selección en los Juegos del Mediterráneo pero quedó la espina de quedarse fuera del Europeo pese a hacer la mínima, Ana Pulgarín, que está demostrando ser presente y futuro de la marcha española y logró puesto de finalista en los JJOO de la Juventud.
Hablando de presente y futuro, el escalador Alberto Ginés ha vuelto a demostrar su potencial mundial y no es una utopía pensar en su presencia en Tokyo pese a su juventud.
Lo mismo ocurre con Estefanía Fernández y Belén Díaz en el piragúismo tras esrrenarse en unos mundiales con la selección o con Mamen Blanco que está cuajando una buena temporada de debut con el Barcelona en LF2 tras hacerse con la plata en el Europeo. Este también ha sido el año de la retirada de Raquel Asensio. Se retiró tras conseguir su ansiado ascenso a LF con Ensino.
Y, en fútbol, al margen de Menayo y el Extremadura, este año ha sido el de la confirmación de Pedro Porro y Fernando Pacheco en primera división; el año del retorno a segunda b del Don Benito 14 años después; del coqueteo del Villanovense con eliminar al Sevilla en Copa; el año en el que el Badajoz inició su conversión en SAD dándole la voz a su masa social y el año del inesperado deacenso del Mérida en una temporada mal planificada.
Siguiendo con clubes, el 2018 ha sido el año de la consolidación definitiva del AlQazeres en Liga Femenina (y apunta alto con internacionales en su plantilla); el año del crecimiento incesante del Extremadura Ecopilas, un referente ya en el ciclismo español; el año en el que el CAPEX, que crece y crece en el atletismo, soñó con la División de Honor o el año del despegue del CEFO, un club ya araigado en la segunda división del fútbol sala.
Todos estos éxitos, en buena parte, llegan gracias al enorme trabajo de un gran número de entrenadores extremeños que, con menos recursos, están logrando éxitos y más éxitos
Luis Carretero (ahora entrenador de Sebas Martos en Badajoz), José Ángel Rama, Antonio Fuentes (que prepara a los dos únicos lanzadores de martillo capaces de hacer mínima para el Europeo), Agustín Rubio, que sigue liderando la seleccióm española de atletismo para personas con PC donde no faltan ni Pámpano ni Mehdi Raiss; Juan Méndez, el abuelo que noa descubrió a Martín Uriol o Ana Pulgarín; Jorge Borba, que ha logrado medalla con la selección sub20 y barrunta títulos con el Mideba, o los reconocibles Jacinto Carbajal, Ñete Bohigas y Jesús Sánchez en un momento muy concreto del baloncesto español o Antonio Contreras, que tras años sin banquillo volvió para ascender al Málaga. Seguro que pronto vemos en esa nómina de ilustres a María Ribera, que debuta tras dejar su trayectoria como jugadora en un momento cumbre (otra de las noticias del año) o Manuel Pérez Candelario, que prepara al campeón del mundo sub14 de ajedrez (nada más y nada menos).
En materia de eventos, Extremadura ha disfrutado este año, además de la final de la Copa de la Reina, de los Campeonatos de España de invierno de lanzamientos largos (sin oro para Cienfuegos por primera vez. Se recuperaba de lesión y lo hizo a tiempo para ir al Europeo rondando el récord de España) el nacional de Cross, un espectáculo único y de gran dureza en el barro del Circo Romano que dejó medalla para la selección femenina extremeña; la final de la Copa del Rey de fútbol sala, que llenó el Pabellón Multiusos de ánimos y color; el Torneo de preparación al Mundobasket; la última prueba de la Copa de España de ciclismo adaptado que sirvió para dar el título a Rubén Tanco; el Campeonato de España de judo, con bronce para Cristina Cabaña; la fase de ascenso a la primera nacional de hockey con Burguillos del Cerro demostrando que merece esa plaza; la fase final de la Euroliga 3 que acabó sin premio para el Mideba o el Campeonato de España XC Maratón en Logrosán, donde el enorme Pedro Romero conquistó el título que se le resistía. Poco después, se haría con el Open de España y repetiría con la selección española en un Europeo. Y todo en el año que se rompió el escafoide.
2018 ha sido un año repleto de éxitos para el deporte extremeño, el año en el que Conchi Bellorín pasó a formar parte del equipo de trabajo del CSD. Quizá, la nota más amarga la deja el descenso del Santa Teresa tras 4 años en Primera, pero es que la confianza es que 2019 puede traer su retorno a una liga que va a cambiar y profesionalizarse más.
2019 será un año importante para cada equipo y deportista ya citado, pero también aspira a ser un gran año para: Jorge Campillo, que busca su primera victoria internacional después de haber estado casi siempre en la cabeza en 2018 y haber debutado en los Majors; las "Princesas" del Arroyo y el Voleibol Pacense (por fin el éxito que merece todo el trabajo de Diego Jaramillo), para Juan Antonio Valle, Inés Felipe y Elena Ayuso que están haciendo grande el paracanoe español y esperemos que sea el año de la confirmación definitiva de judokas como Angeles López, Cristina Cabaña, Andrés Romero o las hermanas Hidalgo, el del paso al frente de atletas como Marta Cepeda o Vicente Antúnez y, por qué no, el del regreso de Fátima Gallardo.
Es el momento de pedir deseos.
El mío es que contemos de mejor forma, de manera más completa, plural y feminista lo que ocurre en el deporte extremeño. Mi promesa es trabajar en ello.
Cuando vuelva a trabajar, claro.
Ha sido un año frenético, repleto de ideas y contradicciones, con una pausa fundamental en lo laboral tras horas y horas de la mejor radio que sé hacer. El año ha ido tan rápido y con tanto caos ordenado como esa media hora en la que acabó la temporada de fútbol y pasamos de euforias a llantos en una tarde de mayo. Cada día de 2018 ha sido así, una vorágine de sensaciones y de decisiones.
2018 ha sido el año del 8M, y todo lo que quisimos contar en esa fecha; el año de las goteras del Multiusos y de cómo hacer un programa gracias a la amistad y la confianza; el año de retos y coberturas extraordinarias como el Campeonato de España de campo a través o la fase final por el ascenso a la primera nacional de hockey. Y es que todo el deporte tiene cabida, sólo hace falta querer. Gracias a Charo por creer y querer. Y por seguir creyendo yendo a contracorriente.
2018 ha sido un año feliz, pese a todas mis tristezas. Ha sido un año en el que he encontrado la Paz entre guerras y batallas.
Y, en el deporte, 2018 ha sido un año especial para Extremadura que ha acabado con la clasificación del AlQazeres a la Copa y que ha tenido como momento cumbre: el oro de Alvaro Martín Uriol en los 20km marcha del Campeonato de Europa. No sé si recuerdo más su carrera y entrada en meta, su abrazo fugaz y eterno con Sánchez Puebla al saberse campeón o la cordura de sus palabras a Juanje nada más salir del control antidopping y coger el teléfono de las manos de su madre. La radio sigue transmitiendo unas emociones que ningún otro medio consigue hacer sentir.
Me satisface especialmente el oro de Álvaro Martín Uriol. Son muchos años viviendo y contando sus victorias. Tras su puesto de finalista en el mundial, tras una clara carrera ascendente desde que debutara en los JJOO de Londres en 2012, tras una lesión y un cambio de entrenador, ha logrado su mayor éxito y reconocimiento y no se pone límites para el próximo Mundial y los JJOO de Tokyo.
Pero no ha sido el único en triunfar. Junto a Martín Uriol, dos jóvenes mujeres han rozado la cima: la almendralejense Marta García Lozano ha ido acumulando medallas con la selección absoluta de kárate hasta coronar 2018 con la plata mundial en kata en Madrid. Un flipe. Japón fue la única selección capaz de vencer al equipo español. Y también Japón fue quien privó a Carmen Menayo y a la selección sub20 de ganar el oro en el Mundial Femenino de Fútbol. Menayo es una de las cabezas más reconocibles de una generación llamada a repetir éxitos en el futuro y que ya ha cambiado buena parte de la agenda informativa y de la forma de informar en España. Pero es que, además, Menayo ha vuelto a proclamarse campeona de Liga con el Atleti, ha dado un paso más en la evolución colchonera en la Champions y no olvidará las lágrimas en el Estadio Romano de Mérida tras perder la final de Copa en la prórroga contra el Barça ante más de 10000 personas en la grada. Más de 10000 personas, que no lo olviden quienes no quisieron estar.
El otro gran hito histórico de nuestro fútbol este año ha sido el ascenso del Extremadura a segunda división, lo que hace que cada quince días Almendralejo disfrute de una aunténtica fiesta con el fútbol profesional. A veces me parece escuchar la voz de Juan, los ecos de aquel gol que, sin saberlo entonces, significó el ascenso.
La nota triste fue el descenso del Santa Teresa y la presunta vinculación de tres de sus jugadoras emblema, de jugadoras que nos aprendimos de memoria en el once con Fenry y Micky, de la presunta vinculación de capitanas con las apuestas ilegales y el amaño de partidos. La investigación ha dejado nombres propios como el de Iván Moreno o Emilio Pinto que han tenido que estar en prisión preventiva por los indicios que apuntan a su participación. Veremos en que acaba todo (si es que acaba en 2019).
Pero volvamos a lo bueno, que es mucho y variado.
2018 ha sido el año de Guillermo Gracia. Si en 2017 explotó su talento con récords de España, en 2018 ha dado el salto definitivo vistiéndose de oros en el Europeo de París. Y amenaza con más.
Lo mismo sucede con Miriam Casillas que, tras un año casi en blanco por las lesiones tras su participación en los JJOO, ha vuelto desde EEUU en mejor forma que nunca conquistando victorias y medallas en Copas de Europa y del Mundo. Ojo a las dos temporadas que le quedan a la pacense en este ciclo olímpico.
Me atrevería a decir lo mismo con Isabel Yinghua Hernández, que volvió a lograr metal en el 4x100 estilos del Europeo y que sigue pulverizando sus propios récords (y me consta que lo hizo en difíciles condiciones).
Hablando de la piscina, la natación nos ha devuelto al mejor César Castro (con récord de España incluído), ha hecho debutar en un Europeo a Julia Benito y nos promete un futuro halagüeño con la reinventada Paloma Marrero, con Estela González, con el ya habitual Miguel Durán y con el regreso de Enrique Floriano, que se quedó a centésimas de ir al Europeo ¿Tokyo 2020?
Luego están quienes nunca fallan, quienes tienen el éxito por costumbre y, quizá por eso, sus logros no aparecen entre las grandes gestas del año pese a serlo: Juan Bautista Pérez (bronce en el Europeo); Kini Carrasco, que ha hecho colección de medallas en este 2018 y en tiempo récord; Loida Zabala, que conquista todos los lados del charco y competiciones en las que compiten gente con o sin discapacidad, como fue el bronce en el Europeo de powerlifting; Alba Sánchez, una habitual de la selección española de voley que ya tiene su primer título con el Logrño; Jesús Gil Manzano y Esperanza Mendoza, que han llevado el arbitraje de Extremadura a la élite europea o los arqueros Antonio Fernández y Víctor Canalejas o la arquera Elena Rodríguez. En los 3 casos, este año han estado con la selección a las distintas comoeticiones. Ha sido el debut de Canalejas, el retorno de Rodríguez y un paso más para "Yiyo" con su bronce en Tarragona.
Y no hay que olvidarse tampoco de Sonia Bejarano, Tania Carretero, que por fin fue convocada a un Europeo con el 10000 y ya tiene todas las internacionalidades que se puedan imaginar, Tere Urbina y Houssane Bennabou, campeones de España de media maratón e internacionales con España en el Mundial. Urbina repitió con la selección en los Juegos del Mediterráneo pero quedó la espina de quedarse fuera del Europeo pese a hacer la mínima, Ana Pulgarín, que está demostrando ser presente y futuro de la marcha española y logró puesto de finalista en los JJOO de la Juventud.
Hablando de presente y futuro, el escalador Alberto Ginés ha vuelto a demostrar su potencial mundial y no es una utopía pensar en su presencia en Tokyo pese a su juventud.
Lo mismo ocurre con Estefanía Fernández y Belén Díaz en el piragúismo tras esrrenarse en unos mundiales con la selección o con Mamen Blanco que está cuajando una buena temporada de debut con el Barcelona en LF2 tras hacerse con la plata en el Europeo. Este también ha sido el año de la retirada de Raquel Asensio. Se retiró tras conseguir su ansiado ascenso a LF con Ensino.
Y, en fútbol, al margen de Menayo y el Extremadura, este año ha sido el de la confirmación de Pedro Porro y Fernando Pacheco en primera división; el año del retorno a segunda b del Don Benito 14 años después; del coqueteo del Villanovense con eliminar al Sevilla en Copa; el año en el que el Badajoz inició su conversión en SAD dándole la voz a su masa social y el año del inesperado deacenso del Mérida en una temporada mal planificada.
Siguiendo con clubes, el 2018 ha sido el año de la consolidación definitiva del AlQazeres en Liga Femenina (y apunta alto con internacionales en su plantilla); el año del crecimiento incesante del Extremadura Ecopilas, un referente ya en el ciclismo español; el año en el que el CAPEX, que crece y crece en el atletismo, soñó con la División de Honor o el año del despegue del CEFO, un club ya araigado en la segunda división del fútbol sala.
Todos estos éxitos, en buena parte, llegan gracias al enorme trabajo de un gran número de entrenadores extremeños que, con menos recursos, están logrando éxitos y más éxitos
Luis Carretero (ahora entrenador de Sebas Martos en Badajoz), José Ángel Rama, Antonio Fuentes (que prepara a los dos únicos lanzadores de martillo capaces de hacer mínima para el Europeo), Agustín Rubio, que sigue liderando la seleccióm española de atletismo para personas con PC donde no faltan ni Pámpano ni Mehdi Raiss; Juan Méndez, el abuelo que noa descubrió a Martín Uriol o Ana Pulgarín; Jorge Borba, que ha logrado medalla con la selección sub20 y barrunta títulos con el Mideba, o los reconocibles Jacinto Carbajal, Ñete Bohigas y Jesús Sánchez en un momento muy concreto del baloncesto español o Antonio Contreras, que tras años sin banquillo volvió para ascender al Málaga. Seguro que pronto vemos en esa nómina de ilustres a María Ribera, que debuta tras dejar su trayectoria como jugadora en un momento cumbre (otra de las noticias del año) o Manuel Pérez Candelario, que prepara al campeón del mundo sub14 de ajedrez (nada más y nada menos).
En materia de eventos, Extremadura ha disfrutado este año, además de la final de la Copa de la Reina, de los Campeonatos de España de invierno de lanzamientos largos (sin oro para Cienfuegos por primera vez. Se recuperaba de lesión y lo hizo a tiempo para ir al Europeo rondando el récord de España) el nacional de Cross, un espectáculo único y de gran dureza en el barro del Circo Romano que dejó medalla para la selección femenina extremeña; la final de la Copa del Rey de fútbol sala, que llenó el Pabellón Multiusos de ánimos y color; el Torneo de preparación al Mundobasket; la última prueba de la Copa de España de ciclismo adaptado que sirvió para dar el título a Rubén Tanco; el Campeonato de España de judo, con bronce para Cristina Cabaña; la fase de ascenso a la primera nacional de hockey con Burguillos del Cerro demostrando que merece esa plaza; la fase final de la Euroliga 3 que acabó sin premio para el Mideba o el Campeonato de España XC Maratón en Logrosán, donde el enorme Pedro Romero conquistó el título que se le resistía. Poco después, se haría con el Open de España y repetiría con la selección española en un Europeo. Y todo en el año que se rompió el escafoide.
2018 ha sido un año repleto de éxitos para el deporte extremeño, el año en el que Conchi Bellorín pasó a formar parte del equipo de trabajo del CSD. Quizá, la nota más amarga la deja el descenso del Santa Teresa tras 4 años en Primera, pero es que la confianza es que 2019 puede traer su retorno a una liga que va a cambiar y profesionalizarse más.
2019 será un año importante para cada equipo y deportista ya citado, pero también aspira a ser un gran año para: Jorge Campillo, que busca su primera victoria internacional después de haber estado casi siempre en la cabeza en 2018 y haber debutado en los Majors; las "Princesas" del Arroyo y el Voleibol Pacense (por fin el éxito que merece todo el trabajo de Diego Jaramillo), para Juan Antonio Valle, Inés Felipe y Elena Ayuso que están haciendo grande el paracanoe español y esperemos que sea el año de la confirmación definitiva de judokas como Angeles López, Cristina Cabaña, Andrés Romero o las hermanas Hidalgo, el del paso al frente de atletas como Marta Cepeda o Vicente Antúnez y, por qué no, el del regreso de Fátima Gallardo.
Es el momento de pedir deseos.
El mío es que contemos de mejor forma, de manera más completa, plural y feminista lo que ocurre en el deporte extremeño. Mi promesa es trabajar en ello.
Cuando vuelva a trabajar, claro.
martes, 25 de diciembre de 2018
Mateo
Pasan unos minutos de las 7 de la mañana. La luz se cuela levemente por los agujeros de una persiana bajada. Prácticamente no se ve. Sólo la lucecita de apagado del televisor permite dilucidar el contorno de los objetos de la habitación, objetos que ha aprendido de memoria en las últimas horas. Cada forma, cada silueta, cada sombra, cada monstruo.
Se oye el silencio, ese silencio de las casas en las que todos duermen, todos callan. Ese silencio pesado que suena, que se repite, que te perfora el cerebro, que se interrumpe sólo por el ruido de un ascensor que sube o baja.
Pasan unos minutos de las 7 de la mañana. Está a punto de sonar la alarma. No será momento de despertar, porque así lleva horas, pero será el momento de levantarse, de poner los pies en el suelo y caminar. Apenas ha dormido, aunque no tenga el recuerdo del tiempo pasado. En su memoria está ese paseo nocturno por el pasillo con ellos en brazos y el recuerdo de lo que va a pasar. Lo ha vivido tantas veces durante la noche que ya es un recuerdo.
Sin dar tiempo a que suene el despertador, se incorpora y se sienta en la cama. Pies al suelo. Y, antes de empezar, antes de ponerse a caminar, el último instante elegido de soledad. Respira profundo y su respiración es un estruendo luminoso en medio del silencio de la casa. Respira profundo, se mira los pies como si ya no los recordase. Mueve cada uno de sus dedos y pasan largos segundos, los primeros largos segundos sin pensar en nada en concreto, los últimos largos segundos antes de volver a sentir el nervio, el temor, la impaciencia, el amor. De sentir el más puro tacto, de volver a oler como huelen los cuerpos, de abrir sus ojos a la verdad y la pasión. La menos insoportable canción del móvil interrumpe sus únicos segundos de sueño.
Ahora toca hacer todo lo recordado.
Huele a café. Huele a café como sólo huele a café en casa por las mañanas. Es ese olor que se saborea, ese olor a día nuevo, acogedor, caluroso, apetecible. Es ese olor a bienvenida a un nuevo día, a un futuro nuevo, a una nueva vida. Gira la cabeza y ve el pasillo iluminado por la luz de la cocina. Coge el móvil, con serenidad. Apaga la alarma. Mira la hora y la fecha. Pasan unos minutos de las 7 de la mañana. Es 12 de julio.
Se oye el silencio, ese silencio de las casas en las que todos duermen, todos callan. Ese silencio pesado que suena, que se repite, que te perfora el cerebro, que se interrumpe sólo por el ruido de un ascensor que sube o baja.
Pasan unos minutos de las 7 de la mañana. Está a punto de sonar la alarma. No será momento de despertar, porque así lleva horas, pero será el momento de levantarse, de poner los pies en el suelo y caminar. Apenas ha dormido, aunque no tenga el recuerdo del tiempo pasado. En su memoria está ese paseo nocturno por el pasillo con ellos en brazos y el recuerdo de lo que va a pasar. Lo ha vivido tantas veces durante la noche que ya es un recuerdo.
Sin dar tiempo a que suene el despertador, se incorpora y se sienta en la cama. Pies al suelo. Y, antes de empezar, antes de ponerse a caminar, el último instante elegido de soledad. Respira profundo y su respiración es un estruendo luminoso en medio del silencio de la casa. Respira profundo, se mira los pies como si ya no los recordase. Mueve cada uno de sus dedos y pasan largos segundos, los primeros largos segundos sin pensar en nada en concreto, los últimos largos segundos antes de volver a sentir el nervio, el temor, la impaciencia, el amor. De sentir el más puro tacto, de volver a oler como huelen los cuerpos, de abrir sus ojos a la verdad y la pasión. La menos insoportable canción del móvil interrumpe sus únicos segundos de sueño.
Ahora toca hacer todo lo recordado.
Huele a café. Huele a café como sólo huele a café en casa por las mañanas. Es ese olor que se saborea, ese olor a día nuevo, acogedor, caluroso, apetecible. Es ese olor a bienvenida a un nuevo día, a un futuro nuevo, a una nueva vida. Gira la cabeza y ve el pasillo iluminado por la luz de la cocina. Coge el móvil, con serenidad. Apaga la alarma. Mira la hora y la fecha. Pasan unos minutos de las 7 de la mañana. Es 12 de julio.
miércoles, 19 de diciembre de 2018
Pena perpetua.
La muerte de Laura Luelmo ahonda mi pena y mi dolor por una sociedad que no es capaz de sacudirse el machismo que la estrangula hasta la muerte. A veces, ni se reconoce ese machismo ni la naturaleza de tan violentas muertes.
La muerte de Laura Luelmo me estremece, recordando sucesos pasados que sé que van a repetirse en el futuro y que seguirán generando miedo.
La muerte de Laura Luelmo nos golpea y nos retuerce las tripas y pide a gritos la necesidad de una educación feminista, que se ocupe y preocupe de la prevención, que acabe con la visión masculinizada del castigo y apueste por una educación más femenizada, apegada al afecto y la protección para evitar las agresiones machistas en lugar de tener que sancionarlas cuando ya han sucedido. Trabajar más en qué hacer para evitarlas en lugar de cómo castigar cuando ya han sucedido.
En medio de un chillido de desesperación y terror de las mujeres, mujeres que temen por su vida, hay hombres que piden paso para mostrar su preocupación por cómo les miran las mujeres que temen. Y yo me muerdo el labio y la rabia de ver la falta de empatía de esos hombres, malditos hombres, que parecen comparar lo que ellos sienten con lo que a ellas les pasa.
¿Qué valor le das a cada vida si equiparas una preocupación con la otra?
Por cierto, los problemas de ambos acaban con la misma solución: el feminismo. La educación en igualdad.
Si acabamos con el machismo, ellas no temeran morir por el mero hecho de ser mujeres y a nosotros no nos mirarán mal. Igual así os podremos convencer.
Una pena perpetua me invade al observar algunas reacciones de esta sociedad. Todavía recuerdo como hace una semana hablaban sin pudor de denuncias falsas que no existen en ninguna base de datos y de mujeres paranoicas a las que no se puede ni mirar ni decir nada. Recuerdo todo lo que se le gritó a María, redactora de Marca, por denunciar que un tipo la besó mientras hacia un directo y otro la llamó guapa con claro aire de superioridad. Histérica. Hoy, Laura Luelmo, que se sintió acosada hace una semana por las miradas de su vecino, está muerta y ellos piden una dura condena. Ayer, se ofendían porque una ministra decía que había que creer a las mujeres sí o sí cuando esto pasaba. Laura ha pasado de estar paranoica a estar muerta. No es paranoia, es terrorismo machista que condiciona su forma de vivir y que puede estallar en cualquier momento.
Pena perpetua la mía. Y pena perpetua (otra vez el castigo en lugar de la educación, otra vez el "para cuando pase" en lugar de "para que no pase"), pena perpetua la que piden los partidos autodenominados constitucionalistas, aunque la cadena perpetua esté claramente condenada por la Constitución.
Artículo 25 de la Constitución.
2. Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la Ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.
La cadena perpetua, o prisión permanente, es anticonstitucional.
La cadena perpetua, o prisión permanente, no funciona. En países con cadena perpetua (como Estados Unidos) la tasa de criminalidad es mayor. España es uno de los países con menor tasa de criminalidad del mundo. La tasa desciende proporcionalmente desde antes de la aprobación de la prisión permanente revisable. No ocurre igual con la violencia machista.
https://www.elmundo.es/papel/2018/01/12/5a577b2eca4741687c8b465b.html
La reinserción funciona. Hay que revisar los datos de reinserción y de reincidencia para ver que funciona y que, cuando falla o fracasa es, precisamente, por falta de programas de reinserción.
Para que la reinserción funcione más hay que invertir más en educación penitenciaria. Es más efectivo y más barato que la cadena perpetua o prisión permanente. De verdad.
Todo se resume en una cosa: invertir en educación, en la cárcel y en la escuela. Invertir en educación feminista en la sociedad en general para reducir la tasa de criminalidad machista al mismo ritmo que el resto de violencia.
Porque el problema es el machismo, no la condena. El problema es el machismo de una justicia que reconoce la violación, la violencia y la intimidación en un caso como el de La Manada pese a los hechos probados y no la duración de las penas.
El problema es que cada vez que pasa (y todos los días pasa, porque todos los días se denuncian 4 violaciones de media en nuestro país) se habla de todo menos de lo que las mata: el machismo.
La muerte de Laura Luelmo me estremece, recordando sucesos pasados que sé que van a repetirse en el futuro y que seguirán generando miedo.
La muerte de Laura Luelmo nos golpea y nos retuerce las tripas y pide a gritos la necesidad de una educación feminista, que se ocupe y preocupe de la prevención, que acabe con la visión masculinizada del castigo y apueste por una educación más femenizada, apegada al afecto y la protección para evitar las agresiones machistas en lugar de tener que sancionarlas cuando ya han sucedido. Trabajar más en qué hacer para evitarlas en lugar de cómo castigar cuando ya han sucedido.
En medio de un chillido de desesperación y terror de las mujeres, mujeres que temen por su vida, hay hombres que piden paso para mostrar su preocupación por cómo les miran las mujeres que temen. Y yo me muerdo el labio y la rabia de ver la falta de empatía de esos hombres, malditos hombres, que parecen comparar lo que ellos sienten con lo que a ellas les pasa.
¿Qué valor le das a cada vida si equiparas una preocupación con la otra?
Por cierto, los problemas de ambos acaban con la misma solución: el feminismo. La educación en igualdad.
Si acabamos con el machismo, ellas no temeran morir por el mero hecho de ser mujeres y a nosotros no nos mirarán mal. Igual así os podremos convencer.
Una pena perpetua me invade al observar algunas reacciones de esta sociedad. Todavía recuerdo como hace una semana hablaban sin pudor de denuncias falsas que no existen en ninguna base de datos y de mujeres paranoicas a las que no se puede ni mirar ni decir nada. Recuerdo todo lo que se le gritó a María, redactora de Marca, por denunciar que un tipo la besó mientras hacia un directo y otro la llamó guapa con claro aire de superioridad. Histérica. Hoy, Laura Luelmo, que se sintió acosada hace una semana por las miradas de su vecino, está muerta y ellos piden una dura condena. Ayer, se ofendían porque una ministra decía que había que creer a las mujeres sí o sí cuando esto pasaba. Laura ha pasado de estar paranoica a estar muerta. No es paranoia, es terrorismo machista que condiciona su forma de vivir y que puede estallar en cualquier momento.
Pena perpetua la mía. Y pena perpetua (otra vez el castigo en lugar de la educación, otra vez el "para cuando pase" en lugar de "para que no pase"), pena perpetua la que piden los partidos autodenominados constitucionalistas, aunque la cadena perpetua esté claramente condenada por la Constitución.
Artículo 25 de la Constitución.
2. Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la Ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.
La cadena perpetua, o prisión permanente, es anticonstitucional.
La cadena perpetua, o prisión permanente, no funciona. En países con cadena perpetua (como Estados Unidos) la tasa de criminalidad es mayor. España es uno de los países con menor tasa de criminalidad del mundo. La tasa desciende proporcionalmente desde antes de la aprobación de la prisión permanente revisable. No ocurre igual con la violencia machista.
https://www.elmundo.es/papel/2018/01/12/5a577b2eca4741687c8b465b.html
La reinserción funciona. Hay que revisar los datos de reinserción y de reincidencia para ver que funciona y que, cuando falla o fracasa es, precisamente, por falta de programas de reinserción.
Para que la reinserción funcione más hay que invertir más en educación penitenciaria. Es más efectivo y más barato que la cadena perpetua o prisión permanente. De verdad.
Todo se resume en una cosa: invertir en educación, en la cárcel y en la escuela. Invertir en educación feminista en la sociedad en general para reducir la tasa de criminalidad machista al mismo ritmo que el resto de violencia.
Porque el problema es el machismo, no la condena. El problema es el machismo de una justicia que reconoce la violación, la violencia y la intimidación en un caso como el de La Manada pese a los hechos probados y no la duración de las penas.
El problema es que cada vez que pasa (y todos los días pasa, porque todos los días se denuncian 4 violaciones de media en nuestro país) se habla de todo menos de lo que las mata: el machismo.
martes, 18 de diciembre de 2018
Terrorismo
Eran las 9 de la noche. Me llamó, como tantas veces. Hablamos de todo y de nada hasta que llegó al coche, como tantas veces.
Llegó a casa y me lo contó. Necesitaba llamarme, necesitaba estar conectada, no sentirse sola. Tenía miedo. Había unos chicos, era de noche y tenía miedo. Era irracional, no le habían dicho nada, no se habían acercado pero sentía miedo, pánico, terror.
Eso es el terrorismo. Sembrar el miedo y temer cada sombra, a cada hombre aunque sepas que ser hombre no es ser culpable, pero temes. Porque pasa, porque ocurre. En cada barrio, en cada ciudad, vayas como vayas, ocurre.
Cada 6 horas se denuncia una violación ¿Y cuántas no denuncian? ¿Y cuántas mueren? Y temes, aunque sólo sean hombres. Porque eran hombres y ella, una mujer. Estaba sola y tuvo miedo, pánico, terror. Porque el machismo mata, porque hay un terrorismo machista que hace que ellas teman y nosotros, no.
Me enseñó su móvil. Era algo así como una decena de mensajes obscenos, proponiendo sexo. Mensajes a los que ella nunca contestó ni atendió. Ni al primero, ni al segundo, ni a ninguno. Estaban en la misma sala y seguían llegando mensajes. Y ella se alejaba con rabia y miedo. Y silencio. Y siguieron llegando mensajes, también al día siguiente. Y me contó que eso le pasaba habitualmente, también con hombres vinculados a su trabajo. Y sabe que cada hombre no es culpable por ser hombre y actúa así, pero teme.
Teme porque el terrorismo machista mata y porque los que matan no son monstruos, ni figuras claramente identificables, son hombres, como tú y como yo. Y eso es el terrorismo, temerlo todo porque no sabes dónde, cuándo ni quién pero sabes que en cualquier lugar, en cualquier monento y cualquiera puede ser.
Es terrorismo machista.
Odio, odio el terrorismo en sus mil formas.
Acabemos con el miedo.
Acabemos con el machismo.
Acabemos con el miedo.
Acabemos con el machismo.
jueves, 6 de diciembre de 2018
Frío
Es madrugada. El frío y el silencio recorren la ciudad. Una farola parpadea al lado del parque. Un perro ladra. Respuesta inmediata. La escarcha duerme en los parabrisas. Un joven apura la cremallera de su abrigo hasta la barbilla. Una mujer camina descalza de vuelta a casa. En sus manos, dos zapatos y tacones largos y afilados como su miedo. Una sombra, acelera el paso.
Una alarma despierta a no mucha distancia. Lucen intermitentes sonrojan un coche. Vapor en los cristales, dos chicos esconden su sexo en plena calle.
El camión de la basura. Un hombre se baja, camina ligero y carga el contenedor. Pequeña carrera y vuelta al camión. El frío congela las manos y las ganas de conversación. Una chica entra en un cajero. Un pequeño bolso, taconeo inquieto y cabeza bailante.
Con cuidado tapa el teclado, inconsciente de que ya la están robando.
En frente, otro banco. Letrero apagado. Un cuerpo tirita. Unas mantas protegen unos cartones. Un carro de supermercado en la puerta. Una gran oferta de hipoteca en el ventanal. La luz azul de un ordenador alumbrando la escena. 20€, un pequeño bolso, enésima mirada al móvil ¡Mi taxi!
Edificios a oscuras. Persianas como muro al frío. Un flexo que se enciende en una habitación. La luz del pasillo se adivina por otra ventana. Vidas que surgen entre los sueños. Un hombre acaricia el pelo de su pareja. Ella sonríe inconsciente. Un niño esconde sus miedos en el pecho de su padre. Una estudiante vuelve a subrayar sus apuntes. Alguien tacha poemas a la luz de una tablet, rebusca en la basura. Huele a café. Dos ojos desorbitados, una pantalla y porno dan calor al universo de un adolescente. En la otra pared, un hombre de 50 años hace lo mismo. Dos bloques después, una mujer fantasea con el mejor sexo que ha tenido. Un tipo de unos 30 años intenta atinar con la llave del portal. Una mujer sufre y se muerde el labio en el portal de al lado. Nadie lo ve, nadie lo escucha. Nadie la va a creer.
Una puerta se abre en un piso cercano. Dos zapatos, un felpudo, una pequeña maleta con ruedas y cientos de kilómetros entre los dedos. De saludo, el monótono motor de la nevera. Él camina lento, pesado y silencioso. Ella duerme y, quizá, sueñe con él. Él enciende la luz del baño. La cadena ruge como estorninos migrando. Una cama vacía y frío, hielo, escarcha entre las sábanas. Ella duerme y, quizá, sueñe con él.
Afuera, un árbol cruje. Sus ramas se estiran en búsqueda de hojas. Pasa el camión de la basura. Hielo en un capó. El ventilador de un coche calla al silencio. Una farola parpadea cada vez más lento. La luz de un portal apaga la oscuridad. Una mujer llora mientras coloca su falda. El frío estremece, como el miedo, las calles y los cuerpos; los bancos y cajeros.
Una alarma despierta a no mucha distancia. Lucen intermitentes sonrojan un coche. Vapor en los cristales, dos chicos esconden su sexo en plena calle.
El camión de la basura. Un hombre se baja, camina ligero y carga el contenedor. Pequeña carrera y vuelta al camión. El frío congela las manos y las ganas de conversación. Una chica entra en un cajero. Un pequeño bolso, taconeo inquieto y cabeza bailante.
Con cuidado tapa el teclado, inconsciente de que ya la están robando.
En frente, otro banco. Letrero apagado. Un cuerpo tirita. Unas mantas protegen unos cartones. Un carro de supermercado en la puerta. Una gran oferta de hipoteca en el ventanal. La luz azul de un ordenador alumbrando la escena. 20€, un pequeño bolso, enésima mirada al móvil ¡Mi taxi!
Edificios a oscuras. Persianas como muro al frío. Un flexo que se enciende en una habitación. La luz del pasillo se adivina por otra ventana. Vidas que surgen entre los sueños. Un hombre acaricia el pelo de su pareja. Ella sonríe inconsciente. Un niño esconde sus miedos en el pecho de su padre. Una estudiante vuelve a subrayar sus apuntes. Alguien tacha poemas a la luz de una tablet, rebusca en la basura. Huele a café. Dos ojos desorbitados, una pantalla y porno dan calor al universo de un adolescente. En la otra pared, un hombre de 50 años hace lo mismo. Dos bloques después, una mujer fantasea con el mejor sexo que ha tenido. Un tipo de unos 30 años intenta atinar con la llave del portal. Una mujer sufre y se muerde el labio en el portal de al lado. Nadie lo ve, nadie lo escucha. Nadie la va a creer.
Una puerta se abre en un piso cercano. Dos zapatos, un felpudo, una pequeña maleta con ruedas y cientos de kilómetros entre los dedos. De saludo, el monótono motor de la nevera. Él camina lento, pesado y silencioso. Ella duerme y, quizá, sueñe con él. Él enciende la luz del baño. La cadena ruge como estorninos migrando. Una cama vacía y frío, hielo, escarcha entre las sábanas. Ella duerme y, quizá, sueñe con él.
Afuera, un árbol cruje. Sus ramas se estiran en búsqueda de hojas. Pasa el camión de la basura. Hielo en un capó. El ventilador de un coche calla al silencio. Una farola parpadea cada vez más lento. La luz de un portal apaga la oscuridad. Una mujer llora mientras coloca su falda. El frío estremece, como el miedo, las calles y los cuerpos; los bancos y cajeros.
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