miércoles, 27 de marzo de 2019

Todo lo que sé

No sé escribir poesía, ni recitar versos.
Apenas sé escribir en orden lo que siento.
No sé de libertad ni de hipotecas,
Ni bailar sin sonrojarme.
No sé de cine, ni de teatro
Ni de discos, libros o canciones
Apenas sé tararear alguna estrofa
O aquel poema que aprendí cantando
No sé de política ni de economía
Apenas tengo un par de buenas intenciones
No sé de guerras, ni del hambre
Ni siquiera del pobre que pide en mi acera
Apenas habré donado unos euros
Y algo de comida. Y un café o una tila
No sé, no recuerdo.
No sé dónde está cayendo un bombardeo
Ni cómo es no llegar a fin de mes
O no poder pagar el alquiler
No sé cuántas familias serán desahuciadas mañana
Ni a qué hora llegará tu madre a casa
Ni cuántas horas extras se dan en cada trabajo.
No sé de riesgos laborales,
Ni cuántos obreros morirán en el tajo.
No sé de la falta de lluvia,
ni de cómo afecta el cambio climático
A esa familia que busca refugio
en un mar de cadáveres
No sé idiomas.
No sé francés, ni portugués
Apenas sé decir “I’m fine”
No sé cuánto se tarda en ir andando al colegio
Ni cuántos niños hacen el camino a pie
Ni cuántos irán sin comer
No he sufrido jamás acoso
Más allá de aquel chulo de barrio
que me siguió siendo todavía niño
hasta dejarme el pómulo morado
No sé cuántas mujeres volverán solas a casa
Ni cuántas tendrán medio
Ni siquiera sé si serás tú
quien corra hacia el portal
O si ya lo has sido.
No sé de la amistad
Ni de cuándo hago falta
Ni de cuándo molesto.
No sé expresar mis sentimientos
Ni llorar en público, ni pedir ayuda
O un abrazo
Si acaso, aprendí a reír sin avergonzarme
y a dar mi opinión arrepentida.
No sé de baloncesto, ni de rugby
No sé de fútbol ni de casi nada
No vi jugar a Maradona ¿o sí?
No sé, no recuerdo.
No sé de periodismo, ni de radio
Apenas sé qué es noticia
O si es noticia lo que cuento
O a quién le importa
Si es que importa.
Sé más de mis carencias
Que de mis talentos
No sé cocinar sin mirar la receta
Ni cuánta sal echar
Ni preparar arroz sin que se pase
No sé inventar juegos,
ni personajes
Ni hacer manualidades
Ni pintar algo que no sea una casa, un sol
Y un árbol
No sé hacer coletas
Quizá sepa hacer el payaso
Y haceros reír.
Para hacerme feliz
Pese a todo lo que me duele
Sin saber

jueves, 21 de marzo de 2019

Mateo duerme en su cuna
Mario y Candela juegan
Al sol de marzo
Sobre un césped sintético
Con un calcetín de cada color
Con una piscina de plástico
Con muñecas y pinypon action

Ya es primavera
El sol alumbra sus fantasías
Su rumor es mejor
que el canto de cualquier pájaro
Sólo se escuchan
Sus voces en el balcón
Algo bueno debería tener
Ser un chico de extrarradio
Haber abandonado el barrio

Tomó café y descanso
Veo deportes y maldigo
Ya no veo el telediario
A veces suena la radio
Suenan mejor sus juegos
Versos perdido u olvidados
En una oxidada terraza

Hoy es el día de la poesía
Yo me acuerdo de José
Y canto
Y recupero viejos poemas
Para sentirme
Menos bicho raro,
extraño


sábado, 16 de marzo de 2019

Tengo miedo
De que un día me preguntes
¿Qué tal estás?
Y tenga que responderte
La verdad

sábado, 9 de marzo de 2019

Feminismo. Sin más.

Marchas en Brasil, Argentina, Uruguay, Perú.
Marchas en Madrid, Berlín, Dublín, Atenas.
Marchas en ciudades de África, en la India, en Oriente y Occidente, en norte y sur.
Y aquí hay partidos empeñados en excluirse de un movimiento social y universal, político, porque pide soluciones políticas, pero sin siglas.
El feminismo no es de ningún partido ni entiende de apellidos.
El partido político que se quiera apoderar del feminismo, inevitablemente caerá, cómo caerá aquel partido que renuncie de él.
Feminismo es igualdad y a la igualdad te sumas. Y al feminismo se puede sumar cualquiera. Ayer éramos miles, de distintas sensibilidades, con diferentes votos. No entiendo a quien use la inclusión separándose y diferenciándose de un movimiento global, que nació de la calle, de las mujeres de todos los rincones del planeta. 
En el feminismo hay personas de derechas y de izquierdas, católicas, musulmanes, ateas, no religiosas, socialistas, comunistas, liberales, anarquistas, animalizarse, taurinas, ecologistas, rurales, urbanas, extranjeras, de todas las razas. El feminismo no pregunta, no distingue. Te sumas y andas. Y el liberalismo puede andar dentro del feminismo, sin tener que distinguirse. Porque el feminismo es igualdad y, en esa igualdad, toda diferencia es tratada igual, no excluye ni discrimina, por eso es feminismo.

Pero si el liberalismo insiste en tratar a la mujer como un bien de consumo más, no podrá ser feminista jamás.

jueves, 28 de febrero de 2019

Una canción de amor

Modo aleatorio para escuchar música en el coche, espero que suene esa canción que descubra mi estado de ánimo, que me entienda y me levante, como quien espera en el silencio de un café o mientras tecleas en el trabajo que alguien se acerque y te ofrezca un abrazo y un susurro “sé en qué estás pensando”, pero en el azar random. No doy oportunidad y voy pasando: “No, no,no. Otra”, hasta que aparece esa canción en la que fuimos felices. No es que sobren brazos, no es que eche de más el ruido y las patadas en el sofá, pero echo de menos esos fines de semana en el que “nosotros “ éramos sólo tú y yo.

lunes, 25 de febrero de 2019

37

Recibo mensajes de mi banco,
de mi compañía de teléfono,
de una franquicia de ropa
y otros regalos que no usaré jamás.
Recibo una foto con un plan,
viejas canciones, el desayuno
Y tú en la cama
Hay en mi nevera dos dibujos nuevos
Y guardo un sobre con dos euros
Ya conozco el regalo perfecto
Recibo algún mensaje que me hace sonreír
Un vídeo que agranda el alma y la familia
Hay una niña más por la que soñar
Y crear justicia
Las palabras de alguien que, quizá como yo,
espera el día y la excusa para preguntar qué tal
Gente que me quiere y se acuerda
Gente que me quiere, y se olvida
O que no tiene tiempo
Un día perfecto, entre chocolate y nata helada
Y mermelada
Algo de jamón y saltarse el plan
Siempre me gustó el arroz a la cubana.
Candela baila “La llamada”, Mateo quiere tarta,
Mario corre y ama
Tú sonríes, suena el timbre
Me gustan esos días en los que la mesa se llena
Y nos faltan sillas
La ciudad camina, la radio olvida mis canciones
El mundo tiene prisa
Y yo espero el desastre
He llegado tarde a comer, he olvidado las llaves
Desparramo el café y silencio el móvil
No veo los deportes, nadie habla de los deportes que veo
Hoy no estoy solo
Confío en esa gente a la que no le hace falta
decirme que me quiere.
Yo siento lo mismo
Y me da vergüenza no decírtelo
Me duelen la espalda y las piernas
Achaques de la edad y pañuelos
Picor de garganta y pañuelos,
muchos pañuelos
Este sol de febrero, la manga larga y el cambio climático.
Soy, a mi manera, feliz.

jueves, 10 de enero de 2019

Déjala que baile

Con mucha frecuencia, he tenido una extraña y desagradable sensación de que los logros alcanzados por las mujeres y el feminismo, que las barreras superadas, más que méritos del propio feminismo eran concesiones, eran espacios que no se habían ganado sino que el machismo había dejado que ocupasen las mujeres. Como el “Déjala que baile”, que ella bailará no por ser libre sino porque él la deja, a veces he pensado que la mujer ha ido superando las barreras que el machismo dominante ha decidido ceder, bien por estrategia o bien porque no les implicaba ninguna cesión (como esa sección de “En Femenino “ de Marca que, en verdad, no resta ni un ápice al protagonismo, al número de páginas ni a los recursos que se dedican a las competiciones masculinas).
Creo esto cuando pienso en el acceso al mundo laboral, a trabajos normalmente de menor remuneración, sin que su incorporación laboral implique la asunción de los hombres a las tareas domésticas y cuidados (con el equivalente problema que esa falta de implicación y equilibrio supone para la conciliación, ya que el hombre no está dispuesto a cubrir las tareas que, hasta entonces, desempeñaba la mujer).

Lo pienso cuando veo que lo más frágil y lo primero de lo que se prescinde a la hora de recortar es, precisamente, esas pequeñas cotas de protagonistas femeninas; también cuando veo el escaso número de mujeres directivas, por las muchas barreras sociales que aún se interponen, en muchos casos vinculados con la ya citada feminización de los cuidados y, las pocas que existen, en muchas ocasiones, están acompañadas de una duplicidad de altos cargos y nuevos lugares para que el hombre siga teniendo presencia y poder, aunque sea (parezca, en muchas ocasiones, con una mujer directora pero un consejo de administración plagado de hombres) compartida. Lugares que estaban prohibidos para las mujeres a los que han logrado llegar teniendo que demostrar más veces que valen para ello (a los hombres se les da por hecha la valía, ellas la tienen que demostrar, de ahí la importancia de las cuotas, que no son elegir mujeres por ser mujeres sino dejar de elegir hombres por el mero hecho de ser hombres, aunque esa elección fuera inconsciente) pero sin que esa llegada suponga un retroceso en la situación de privilegio masculina.

Miro las conquistas y sigo sin ver igualdad. He querido pensar que no, pero siempre ocurre algo que me dice que se ha avanzado hasta donde las han dejado, que toda conquista estaba controlada, que no era progreso sino concesiones “Déjala que baile”. Y, cuando el feminismo era imparable, cuando la voz ha pasado a la acción y ha salido a la calle, cuando además de la libertad se ha pretendido la corresponsabilidad, cuando el machista gobernante ha sentido que peligraba su posición de superioridad, cuando ellas han dicho que mientras bailan, otros tendrán que hacer los que ellas hacían durante sus bailes (porque nosotros nunca hemos parado de bailar) ellos han dicho basta y han frenado el avance diciendo que no más concesiones. Ya no bailáis más.
Pienso muchas veces esto pero no lo he querido expresar porque sentía que es una especie de traición al feminismo y a las mujeres que han peleado por alcanzar estas metas y sin las que sería imposible e impensable los avances conseguidos, por muy controlados que estén esos avances por el patriarcado que hoy se opone sin complejos a que la igualdad sea total.
Otras veces soy más optimista y pienso que es justo al revés, que las conquistas son reales y que son ellos los que creen que todo sucedía bajo su tutela, que las estaban dejando bailar y que pueden ahora obligarlas a parar porque no les gusta el baile, pero ya no hay quien pare y que el camino hacia la igualdad es irrevocable pese a la fuerte contrarrevolución.
Sea como sea, toca más lucha y más feminismo.