sábado, 24 de septiembre de 2016

A veces me enfado. Siento que prefiero enfadarme para no rendirme, para seguir avanzando, para no dejarme arrastrar por el cansancio que acumulan y me generan mis tristezas.

Maduro

De mayor quiero ser niño.
No ver razas ni sexos, no ver extranjeros ni españoles. Ver personas, con sus vicios y sus errores. Y no pensar en ello. Sólo jugar y tratar a todos y todas igual.
De mayor quiero ser niño. Y llorar ante los horrores. Y no entenderlos, ni los horrores ni a quien los permiten o ejecutan. Y reconocer a los malos por su cara.
De mayor quiero ser niño.
Y no saber de venganzas. Ni buscarlas. Y confiar ciegamente en la justicia de quien la imparte.
De mayor quiero ser niño. Y disfrutar el tiempo, y querer y amar sin condición. Y que no me dé vergüenza besar, reír ni llorar. Ni decir lo que pienso y pensar sin dobleces, con respeto y humildad.
De mayor quiero ser niño. Y preguntar siempre por qué. Preguntar a todo por qué.
 Y vivir aprendiendo a seguir siendo niño, inocente y sincero.


sábado, 10 de septiembre de 2016

No se puede gobernar sin Catalunya

En los próximos días, nos atormentaran con una posible coalición de PSOE y Podemos consentida con la abstención de C's. Olvidenlo, no da.
No da como no daba aquella aspiración y tormenta que cayó bajo el pacto de PSOE Y C's que pedía la abstención de Podemos. No daba y llovieron editoriales y mentiras.
Nos han atormentado con cuentas falsas, con matemáticas imposibles, con acuerdos impensables.
El pacto PP-C's no daba. Y no daba aunque se hubiera sumado el PNV. Y el ¡Ay, el PSOE! El PSOE nunca hubiera apoyado o se hubiera abstenido en la investidura de Rajoy (ni de Rajoy, ni del PP) y no porque fuera una firme promesa electoral (que lo era ¿Cuánto valen las promesas electorales para quienes anteponen un pacto por la gobernabilidad a un pacto con sus votantes?) no lo apoyará porque sería reconocer que PP y PSOE son lo mismo (que igual lo son, mira a ver), que sus políticas no se distancian tanto (como quieren hacer creer el PP -a ellos eso de «PSOE-PP, la misma mierda es» no les daña- y C's, que asegura que hay 100 puntos en común en los acuerdos) pero, deben distanciarse, deben ser alternativas y, rara vez, socios porque, si no se distancian, si hay pacto ¿Dónde está la democracia, dónde está la capacidad de elección, dónde la alternativa a proponer 100 soluciones distintas a los 100 puntos en común?
Aceptar que PP y PSOE pueden hacer una gran coalición es aceptar que Podemos es la única alternativa, la otra economía posible, entregar definitivamente esa izquierda en la que mantienen sus siglas (y electorado) pese a muchas de sus políticas (no todas y, ahí, la diferencia. Y, ahí, la democracia. Y, ahí, la imposibilidad de una gran coalición que acabe con nuestra libertad, que mande un mensaje de que votes a quien votes, vas a elegir al mismo).
No obstante, esa tormenta de verano parece que ya pasó, aunque a veces sobrevuelan nubes, aunque a veces caiga algún chaparrón.
Ahora la tormenta es la de un pacto PSOE-Podemos con la abstención de C's. Y esa cuenta, además de imposible (porque los dos partidos «nuevos» quieren lo mismo pero con soluciones opuestas, porque por buena fe que haya, no pueden consensuarse un programa que quiere derogar las dos últimas reformas laborales con otro que promueve el contrato único ¿Dónde está ahí el nexo de unión? ¿Dónde está la defensa de los principios ideológicos y económicos de cada uno sin mundos antagónicos, por bien que se pudieran llevar?).
Pero nos van a convencer de que es posible, de que pactar es renunciar (sí a parte del programa, no a la promesa electoral) e igual es verdad y podemos cambiar lo que estamos de acuerdo en cambiar ¿Y el resto?

No obstante, se pongan como se pongan, no da. Necesitaría el sí del PNV. O la abstención de los catalanes. Se necesita el voto independista para gobernar. Con sus distintas alternativas económicas (apoyadas en derecha o izquierda, para los dos lados dan la suma) pero se necesita abordar el tema independentista, no esquivarlo, no obviarlo.
Se ha necesitado siempre, aunque la mayoría absolutista lo haya olvidado. Se necesita hablar y escuchar. Y proponer soluciones. Igual un referéndum, igual no ahora, igual después de un proceso amplio de construcción, igual será otra la solución... Pero se necesita dialogar con Euskadi y Catalunya, también con la Euskadi y Catalunya independentista porque en democracia, hay que convencer, no imponer. Y hasta ahora, se ha tratado de imponer una única solución. Y así nos va

¿Cómo es posible que queramos excluir en la misma toma de decisiones a aquellos a los que les decimos que no pueden excluirse a la hora de tomar decisiones? Paradójico. Y grave. Y si no se hubiera alimentado el aislamiento, quizá hoy no estaríamos en esta situación. De sentimientos enfrentados de desgobiernos y mayorías que no dan. Porque cualquier mayoría pasa todos y cada uno de los 350 diputados. No se puede excluir a 23 por sus legítimos (y no nuevos), acertados o equivocados, ideales independentistas.

martes, 6 de septiembre de 2016

El abrazo, al otro lado de la valla.

La tele puesta. Suena de findo mientras hago las camas. Hablan de la situación política actual, de la falta de gobierno. Se repite a diario el mismo discurso y ya casi no presto atención. Despide entonces a Inés Arrimadas y una frase me hace levantar la cabeza. No lo entrecomillo porque no es literal, pero me quedo con la esencia.
- Nos hemos quedado sin tiempo para hablar de las declaraciones de Manuela Carmena, que aplaude a los inmigrantes que saltan la valla de Melilla. ¿Qué quiere, que abramos las fronteras? El PSOE debería plantearse el apoyo a este gobierno (no voy a entrar a valorar la intencionalidad política -se valora sola- de esta afirmación en el momento actual).
A las palabras de AR les siguen aseveraciones de la mesa del tipo "el estado del bienestar es limitado" (Inda dixit) u opiniones más ¿Benévolas? como "esto lo puede pensar la tía Benita la del pueblo con buena voluntad pero no lo puede decir un político". No sé por qué un político no puede decir lo que piensa, ni por qué un político no puede pensar así, desde el malintencionadamente llamado "buenismo". No sé por qué la tía Benita la del pueblo no puede, en su buena intención personal, tener una buena intención política. Ni cuando dejó de ser igual la tía Benita la del pueblo a las personas que la representan en su ayuntamiento, comunidad o gobierno central.

Tampoco sé cuando ha cambiado la opinión de esa mesa. Es curioso, hace dos meses, cuando Gran Bretaña apoyó la salida de la Unión Europea, hablaban alarmados del teiunfo del mensaje del miedo y del odio, del mensaje contra los inmigrantes y los refugiados, del temor a levantar fronteras.
Si Gran Bretaña limita el tránsito de personas ¿Quiénes son los equivocados, quiénes son los bárbaros, ellos o los que quieran entrar?
No hace mucho condenaban las intenciones de Donald Trump, su discurso xenófobo. ¿Quiénes son los equivocados, quiénes son los bárbaros, ellos o los que quieran entrar?
¿Y aquí? ¿Es diferente sólo por unas fronteras ya levantadas?

Yo aplaudo a quien no renuncia a una vida mejor, a quien no tiene otra solución que arriesgar lo único que le queda (la vida) para huir de la guerra, la desigualdad y la pobreza. Yo aplaudo a quien cruza los mares y sube las vallas, y apuesto por políticas que encuentren otra manera de cruzar nuestras fronteras.

Yo lo que detesto y rechazo son las fronteras, las que separan a las personas en un ¿Libre mercado? Yo rechazo los muros, las vallas y las concertinas, ya sea en Idomeni o en Melilla; para separar México o Palestina.

Yo aplaudo a quien no ponga límites al estado del bienestar, a quien no distinga los derechos según el lugar de nacimiento, según una línea que nosotros mismos hemos trazado, a quien quiera ayudar a globalizar el bienestar y no la desigualdad.

Y me aterra quienes siguen abriendo frentes, quienes siguen culpabilizando a las víctimas, quienes se apropian de los derechos humanos y de una porción de tierra y quienes cada día educan con sus mensajes en la diferencia como terror en lugar de oportunidad de convivencia.



martes, 30 de agosto de 2016

La gloria negada

Pienso en Calderón y sólo recuerdo imágenes de gloria frustrada.
El tapón de Fotsis en aquel mítico Madrid - TAU del triple de Herreros.
El último tiro en las semifinales del Eurobasket 2005 ante Alemania.
La defensa a Holden que acaba en canasta de Rusia en la final del Eurobasket de Madrid.
El triple desde la esquina que se sale en las semifinales del Eurobasket de Eslovenia...

Pienso en Calderón y no aparece en los momentos de gloria. Estaba, pero siempre en un segundo plano.

El último ejemplo, en Río de Janeiro. Sus últimos Juegos, sus últimos partidos con la selección y el destino, la fortuna, el azar impidieron que Calderón tuviera los merecidos minutos de despedida. Aquella gloria final de la que disfrutaron los Ginobili o Nocioni (quizá también Scola), no estaba reservada para Calderón. Un triunfo holgado lo hubiera permitido. La historia quiso que el final fuera épico, con el grupo sobreponiéndose a todo, con una selección alzada a los altares por la mano oportuna de un secundario y con Calderón emocionado en un discreto segundo plano.

Es curioso como el destino, la fortuna, el azar marcan la historia, el camino y la luz de un jugador.
Y el destino de Calderón era estar siempre en la sombra. Calderón ha hecho de la sombra su luz. Y ahí, haciendo brillar al resto, ha resplandecido como nadie.

Y esa es la historia de Calderón, del chico sencillo y callado, del discreto jugador que no da titulares, del hombre de equipo y base indiscutible de la campeona del mundo que pasa desapercibida para los grandes medios.

Calderón ha sido el satélite que orbita constante alrededor de las estrellas de la selección. Imprescindible para que ese universo siga funcionando, eclipsado por la combustión inagotable de los Navarro y Pau.

Calderón es el baloncesto infinito puesto en pie. El 8 (el 8, no podía ser otro número) de la ÑBA. Un jugador único, irrepetible. Perfeccionista. Siempre fue mi predilecto, y no por su condición de extremeño (eso era un "además"), sino por su concepto de equipo. Yo que fui más de Tom Becker que de Oliver Aton, me fijaba más en Calde que Navarro. En su trabajo callado para mejorar, poniendo siempre el colectivo por delante del yo, el vestuario por encima de la canasta, la asistencia para la gloria del otro, para la victoria y alegría de todos.

Gracias Calde. Gracias por 14 años de selección.
Gracias por los 193 partidos que jugaste y gracias por los que supiste ganar sin jugar.







domingo, 19 de junio de 2016

Qué decir cuando no hay palabras
Y el silencio habla.
Cómo estar cuando estás ausente.
Cómo no llorar si el dolor te estrangula
Y el corazón calla.

Cómo decirte lo mucho que lo siento
Lo mucho que te quiero.

domingo, 15 de mayo de 2016

Ser o sed

Ser libres es
Ser.
Sed libres es
Sed.